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Un par de botas, Pieza del Mes octubre 2006

La profesión de zapatero va pareja a la aparición del ser humano. Ya en la Edad de Piedra las mujeres se encargaban de hacerlo. En el Antiguo Egipto, Grecia y Roma fue un oficio muy bien visto. Bien es cierto que con el tiempo hubo una clara diferenciación entre el zapatero de prima, quien hacía el zapato de principio a fin, y el remendón, dedicado a pequeños arreglos.

Antes de proceder a su elaboración zapatero y cliente tenían que acordar un precio. Posteriormente, aquél pasa a tomar medidas de cada pie con su tabla de medir, más conocida por pie de rey; a continuación, con una cinta métrica se hacía lo mismo con el tobillo y empeine. Con todos estos números se daba forma al patrón en cartón, papel o chapa metálica. Elegido dicho patrón, se corta sobre el cuero las piezas para confeccionarlo; a continuación se marcan las líneas de costura con la ruleta; preparadas las piezas, se unen cosiéndolas con hilo de cáñamo que se impregnaba en cera. Confeccionada la parte superior del zapato, se procedía a darle forma sobre la horma y a añadirle la suela y tacón. Por último, el calzado necesitaba de remate y abrillantamiento, proceso que se hacía con herramientas específicas como el palo de bruñir, los hierros de lujar y la pata de cabra. En cuanto al material más empleado, digamos que fue el cuero, que se conseguía en las fábricas de curtidos ubicadas en las cercanías de la fuente de la Rala y Cuerna, cuando no se traía de fuera.

Nuestra localidad fue prolija en zapateros, quienes solían transmitir sus enseñanzas a sus hijos. Siguiendo el Anuario del Comercio, Industria y profesiones de España, de Rudolf Mosse, del año 1927, las zapaterías de nuestra villa eran: las de Avelino Cascos, Alberto Encinar, Antonio Fernández, Enrique Fortes, Eduardo Rodríguez, Joaquín Rodríguez y José Rodríguez. En la primera mitad del siglo XX algunos zapateros se convierten en empresarios, creando su tienda para la venta de zapatos, mientras que en una habitación trasera de dicha dependencia trabajaban varias personas desarrollando el oficio.

La industrialización en el sector del calzado provocó que los zapateros artesanos quedaran relegados a zapateros remendones, encargados de poner tapas y otros arreglos.

Las botas  que se exponen como pieza del mes, fechadas en el año 1900, fueron donadas por la familia Llofriu.

Una prensa de uva, Pieza del Mes septiembre 2006

Septiembre es el mes por excelencia de la vendimia. En caso de un normal desarrollo meteorológico, ésta se lleva a cabo en el momento que se comprueba la completa maduración de la uva. Para potenciar la calidad de los vinos, el proceso tiene que realizarse lo más rápidamente posible. Los racimos deben llegar casi intactos, para evitar maceraciones incontroladas e inicios de fermentación.

Una vez que la uva se encuentra en la bodega, comienza el largo proceso de vinificación, el conjunto de operaciones mediante las cuales la uva se transforma en vino. Sea cual sea el sistema utilizado –que difiere de unas regiones a otras- el proceso se compone de una serie de etapas.

Apretando las uvas manualmente se puede obtener el llamado “vino de lágrima”. Pero el procedimiento normal, desde la antigüedad hasta nuestros días, es pisar y prensar la uva. El pisado se hacía, en un principio, con los pies descalzos o con alpargatas de esparto. Esta forma de pisar la uva era la mejor para extraer el primer jugo de uva y obtener una masa homogénea para la prensa, sin romper las pepitas. Posteriormente se emplearon máquinas estrujadoras-despalilladoras, accionadas con volante o manivela.

La pasta resultante del pisado, compuesta de hollejos, pulpa y pepitas, e incluso de raspones si no se habían eliminado, se prensaba para exprimir todo el mosto. Las prensas que principalmente se usaban en esta fase del proceso de vinificación eran las de viga y piedra y las de husillo.

En este mes de la vendimia, el Museo Etnográfico Extremeño González Santana quiere rendir homenaje a esta tarea agrícola mostrando una prensa de husillo, también llamada prensa manual. Consiste esencialmente en un tornillo de acero roscado, fijo a un plato de hierro dispuesto en la base. Alrededor se coloca la uva encerrada en una especie de jaula de forma cilíndrica, realizada con listones de madera separados entre sí  1 ó 1,50  cm. para permitir la salida del mosto. Contra estos listones, fortalecidos con flejes de hierro, y contra la base, la uva sufría la presión del tablero prensador al descender una gran tuerca de hierro, mediante el movimiento de una palanca de doble acción, que lo comprimía fuertemente.

Esta prensa, de gran valor etnográfico y excelente conservación,  procede de Almendralejo, localidad famosa por su industria vinícola. Fue donada por D. Pedro Iglesias González, descendiente de D. Alfonso Iglesias Infante, fundador del Grupo familiar Alcoholes Iglesias. A este grupo pertenece la Bodega de Crianza Viña Extremeña.

Una maleta de viaje, Pieza del Mes agosto 2006

 

El desarrollo del turismo en España, desde la década de los sesenta, permitió que muchos grupos sociales  pudieran veranear. Bien es cierto que los viajes de luna de miel o por razones culturales siempre han existido, pero para un grupo reducido,  que se sentía motivado por sus ideas humanistas.

Instrumento inseparable de cualquier turista fue la maleta; la que exhibe el Museo en este mes fue utilizada, en la década de  1930, por el médico emeritense  D. Facundo Solís y su esposa con motivo de su casamiento. Es una maleta realizada en cartón prensado y tablas de madera; su interior aparece forrado de papel estampado; tiene accesorios para colgar, correas para sujetar y compartimentos para guardar la ropa doblada. Su parte externa está forrada de tela; los bordes y asas son  de piel, mientras que las esquinas se refuerzan con metal para soportar mejor los golpes.

Las maletas de los años 1930 al 1960 eran fundamentalmente de madera y  cartón prensado (cartón piedra); Las primeras eran las más sencillas; no tenían forro y su  cierre era muy básico, en muchos casos se ataban  con el cinturón. Por su parte, las de cartón prensado se utilizaban   para viajes de  negocios, o para ir a visitar a la  familia; eran más resistentes y ligeras, gracias a que llevaban reforzadas las esquinas en metal y los bordes con piel.

En nuestra localidad, el mayor número de maletas se adquirieron en tiendas como  El Salvador o La Española, hoy día ya desaparecidas.

Dediles de segador, Pieza del Mes julio 2006

Nuestros pueblos, a lo largo de su historia, han sido eminentemente agrícolas y ganaderos. Los productos que se han obtenido de la agricultura han constituido el sustento de sus gentes y han marcado profundamente el quehacer diario de sus moradores y costumbres tradicionales. En la primera mitad del s. XX se produce un fuerte desarrollo del cultivo de los cereales, al que se destinaba la mayor parte de la tierra. De ellos, el más importante fue el trigo, además de la cebada y el centeno, que se alternaba con el barbecho (práctica muy común antiguamente en la que se dejaba descansar la tierra durante dos años). Antes de 1960 y del desarrollo de la maquinaria agrícola, todo este trabajo en el campo se hacía manualmente apoyado únicamente por algunos aperos que arrastraban las bestias, lo que suponía duras jornadas de trabajo de sol a sol.

Una de las fases del cultivo del cereal es la siega, que tradicionalmente se realizaba a mano. Comenzaba en el mes de julio y precisaba de mucha mano de obra si se quería que la recolección terminase a su tiempo y evitar así pedriscos, incendios y desastres que echaran a perder la cosecha de todo un año. Los segadores estaban organizados en cuadrillas de entre treinta y sesenta hombres, dependiendo de la extensión del terreno.

Son varias las herramientas de los segadores, pero la fundamental era la hoz, de diferentes tamaños y curvaturas. Debía estar muy afilada para dar mayor facilidad y rapidez al trabajo de corte. La mano izquierda se protegía con dediles de cuero que podían ser uno para cada dedo o solamente uno en el que se introducían los dedos corazón, anular y meñique, y otro para el índice, como se ve en la pieza que mostramos este mes, quedando el pulgar al aire para sujetar los lances necesarios hasta completar el haz. Su finalidad es proteger los dedos ante la posibilidad de mutilación de los mismos. Iba sujeta a la muñeca con una cuerda o tira de cuero.

Con los manojos o gavillas cortadas se formaban haces que quedaban dispersos por el terreno. Éstos se reunían en un lugar para facilitar su posterior transporte a la era. Antes de la aparición del carro se hacía mediante mulas que llevaban de 8 a 10 haces sobre las albardas. Una vez en la era, los haces se amontonaban para proceder posteriormente a la trilla, hacia el mes de agosto.

El Museo, exhibiendo esta pieza, quiere rendir un homenaje a tantas cuadrillas de segadores que realizaban esta agotadora labor de sol a sol, sin apenas tregua para el descanso y soportando el riguroso calor del verano.

Serón de esparto, Pieza del Mes junio 2006

El diccionario de la Real Academia de la Lengua define serón como será más larga que ancha, que sirve regularmente para cargar una caballería. Una será no era más que una espuerta grande sin asas.

La pieza que se exhibe en el Museo, durante el mes de julio, labrada por un espartero, está hecha a base de trenzas de esparto a las  que se  iba dando  forma. Para su elaboración necesitaba unas 20 varas de dicho material.  Antes de empezar a componerla, se humedecía para que fuese más flexible. El serón más común era el de nueve vueltas. Se empezaba a confeccionar por el fondo y se terminaba  por la boca.

En nuestra localidad, este oficio lo ejerció  Juan Rodríguez Jorge, quien tuvo su taller y lonja  en la Plaza de Abastos.  La materia prima solía comprarla en Campanario, adonde llegaba procedente de Almería.

Hasta la década de los sesenta del siglo XX, el serón jugó un papel importantísimo a la hora de transportar  los productos desde las huertas y cortijos cercanos hasta el mercado, siempre a lomos de caballerías. También fue de vital importancia a la hora de retirar el ripio de las obras o acercar el material de construcción. En nuestra localidad, la construcción del embalse de Piedra Aguda, propició un breve resurgimiento de esta actividad.  La mecanización y el uso de nuevas fibras sintéticas motivaron su desaparición.

Sombrero cloché, Pieza del Mes mayo 2006

La evolución de la Historia siempre se nos explica por siglos y parece que éstos la dividen. La idea de progreso se construye comparando épocas y el siglo parece ser el periodo de tiempo justo para estudiar una serie de fenómenos y así poder dar sentido a nuestro comportamiento.

La década de los 20 fue una de las más revolucionarias del pasado siglo, caracterizada por los cambios radicales que afectaron a todos los aspectos culturales y repercutió con fuerza en la moda. En estos años se produce la primera gran ruptura con la tradición femenina de faldas largas, vestidos incómodos y cinturas ajustadas por inhumanos corsés. La forma femenina adquiere un aspecto cilíndrico, dando paso al modelo característico de esta época, el de talle largo, a la altura de las caderas sin marcar la cintura.

En cuanto al pelo, también hay cambios. Por primera vez la mujer deja atrás las largas cabelleras y los complicados peinados. Se impone el corte a “lo garçone”; además,  se diseñan sombreros acordes con la nueva imagen. El modelo más popular era el cloché, encajado en la cabeza, que adoptaba formas siguiendo el contorno de la misma.

El Museo muestra como pieza del mes un ejemplar de este tipo de sombrero. Está formado por pleitas de fibra natural, de forma semiesférica y pequeña ala recortada en la parte posterior. Una cinta de raso a listas recorre la parte inferior de la copa anudándose detrás con un lazo.

Hoy en día, las costumbres en el vestir no incluyen el uso del sombrero, usado únicamente para protegerse del sol, en los paseos al aire libre o en un evento especial.

Bandera militar o de balcón, Pieza del Mes abril 2006

Para este mes de abril, el Museo exhibe, como pieza del mes, una bandera militar, también denominada de balcón, realizada de manera artesanal sobre raso antiguo. Sobre la franja amarilla se borda el escudo nacional, utilizado entre 1843 y 1931, caracterizado por estar cuarteado con castillo y leones, con granada en punta inferior y flor de lis en el centro; en su parte superior se lee la leyenda Batallón Infantil, en la inferior, Cazadores de Olivenza. En sus esquinas se reconocen cordones para colgarla de dos soportes con objeto de hacer visible su cara principal.

Esta bandera, donada por Ricardo García de Vinuesa Fernández, fue mandada hacer por su abuelo, ganadero trashumante, natural de Montenegro de Cameros quien se establece en nuestra ciudad en la segunda mitad del siglo XIX, atraído por la riqueza de sus tierras, al igual que ocurrió con otros cameranos como Javier Arteaga y García, Benito Rubio de la Riva, Paulino Navarrete de la Riva o Deogracias Blasco Zorzano, personas que dinamizaron la vida política, económica y cultural oliventina. Entre 1902-1903 fundó el Batallón de Fusileros Infantil de Olivenza, cuyo emblema fue el estandarte que se muestra.

Según noticia extraída del periódico Nuevo Diario de Badajoz, de fecha 26 de abril de 1905, durante la visita del rey Alfonso XIII a la capital de la provincia, desfiló el Batallón Infantil de Olivenza, luciendo su vistoso uniforme y la bandera que se comenta.

Devanadera, Pieza del Mes marzo 2006

En tiempos pasados, uno de los quehaceres necesarios y fundamentales para la mujer era el arreglo, corte y confección de la ropa interior de los familiares, como asimismo de todas aquellas piezas que constituyen el ajuar de una casa.

La confección de tejidos era una labor a la que el hombre sólo aportaba la materia prima y algunos instrumentos de fabricación casera. El grueso del trabajo de transformación doméstica recaía sobre la mujer.

Para la fabricación de tejidos de algodón, lino, cáñamo y demás fibras textiles se emplean los mismos aparatos y todas estas fibras sufren las mismas operaciones desde que son recolectadas hasta que se preparan para ser hiladas. En esta actividad se utilizan instrumentos como ruecas, husos, madejadores y devanaderas, cuya función es retorcer las fibras y transformar la hilaza en hebras preparadas para la fabricación de tejidos.

La devanadera es la pieza elegida por el Museo para el mes de marzo. Este instrumento se emplea después de la madejadora que, como su nombre indica, convierte el hilo en madejas, que se cuecen con agua y ceniza, se lavan y se dejan secar al sol para blanquearlas. Es entonces cuando, una vez limpias, se devanan, es decir, se transforman en ovillos en la devanadera, una peana, que sostiene un eje, sobre el que gira un armazón; éste consta de dos cruces, la de abajo más grande y agujereada para que pase el eje, la superior más pequeña, con un espigón que monta sobre el eje. Los extremos de los brazos de ambas cruces se unen por cuatro varillas de madera, que sostienen la madeja. Gracias a un movimiento giratorio continuo, la devanadera transforma la madeja en ovillo.

Con la realización de los ovillos se da fin a un largo proceso para obtener el hilo. El siguiente paso sería tejer directamente con dos agujas o pasar al telar, el instrumento más completo de toda actividad textil, del que salen sábanas, camisas, toallas, paños, talegas, etc.

El desarrollo industrial y la emigración de las zonas rurales han provocado la pérdida de funcionalidad de todos estos aparatos, pasando hoy día a ser piezas de museo o decoración.

Incubadora de aves, Pieza del Mes febrero 2006

Aunque la incubadora en sí nace a mediados del XIX, mucho antes el pueblo egipcio empleaba hornos soterrados (mamals), en los que se colocaban huevos de aves a una temperatura constante; tras una espera de veintiún  días, nacían las crías.

Desde el siglo XVIII, en Europa, se desarrolló la investigación sobre la incubación artificial.  Así, el francés Reaumur se interesó por el  calor de hornos especiales y por el que desprende el estiércol de cuadra. A mediados del siglo XIX surgieron diferentes tipos de incubadoras.

Parece ser que la primera incubadora artificial llega a España en 1877. A principios del siglo XX,  alcanzan gran apogeo en nuestro país las hidroincubadoras;  En  esencia no eran más que cajas calientes, mediante un depósito de agua, en las que se mantenían  los huevos a la temperatura de 40º. Las pequeñas incubadoras podían  ser calentadas a base de aire o de agua caliente, con calefacción por petróleo, por gas y por corriente eléctrica. En su interior existía un depósito de zinc, que se aislaba de la caja mediante serrín; los huevos se depositaban sobre una pieza de madera, y próxima a ella un termómetro. En la tapadera de la caja  se reconoce un pequeño vidrio que permite ver lo que ocurre dentro de ella.

El aparato funcionaba llenando de agua caliente el recipiente  de zinc; el termómetro debería alcanzar los 40º.  Todos los días había que darle la vuelta a los huevos, al tiempo que se sustituía  una parte del agua que se enfriaba por otra  hirviendo. La finalidad era mantener la temperatura constante.

La incubadora que se exhibe es de la marca THE BUCKEYE INCUBATOR COL-SPRINGFIELD. O. USA Funcionaba como hidroincubadora; producía el calor necesario  a través de un circuito de agua caliente  que partía de una tubería instalada dentro del cajón. Dicha tubería  se calentaba con petróleo que ardía en un recipiente situado a la derecha del cajón.

Pieza del Mes Enero 2006: Muñeca de cartón

Para los niños, la Navidad está ligada a la posibilidad de conseguir los juguetes que anhelan todo el año. Es muy difícil determinar el origen de éstos, pero se sabe que ya en el año 3000 a. C. existían pequeñas figuras de arcilla, hueso o madera.

Los juguetes han experimentado grandes cambios, desde los puramente artesanales e incluso hechos con materiales de desecho por los propios niños, a los tecnológicos, que buscan siempre imitar el mundo real y despertar la imaginación.

El juguete femenino por excelencia de todas las épocas es la muñeca, cuya historia comienza en los albores de la humanidad. Las primeras de las que se tienen noticias en Europa proceden de los yacimientos romano-cristianos, cuando era costumbre enterrar a los niños junto a sus pertenencias. Éstas eran de marfil y hueso. En los S. XV y XVI se convirtieron  en  un artículo de regalo para adultos y lucían vestidos con lujosos bordados. Constituían, además, refinado objeto decorativo de lujo para reyes y nobles, siendo su atuendo fiel reflejo de la moda de la época.

La muñeca es un juguete en cuya fabricación se ha utilizado una gran variedad de materiales: porcelana, papel maché, pasta de madera, celuloide, cartón, barro, hule, tela, goma, pasta de cerámica, plástico, etc.

La penuria económica entre los años 30 y 50  del siglo XX hace florecer la industria de las muñecas de cartón. Muchas veces se trata de juguetes de fabricación artesanal que venden los creadores directamente a sus clientes en puestos ambulantes, en las ferias de los pueblos o durante la Navidad.

El Museo ha querido destacar una muñeca de cartón como pieza del mes de enero. Es de principios del s. XX,  articulada en brazos y piernas, con los rasgos de la cara y el  pelo pintados. El atuendo que luce no es el original, sino de fabricación casera. Fue donada por Ana Rodríguez González  natural de San Jorge de Alor.

En la antigüedad, la ausencia de juguetes técnicamente desarrollados, como los que ahora existen, la carencia de otros medios de diversión o entretenimiento  e incluso la limitada difusión de las prácticas deportivas, hacían que los juguetes tuviesen una mayor significación en la vida diaria de todos los niños. Aunque la tecnología se ha hecho dueña de este mundo, todavía quedan resquicios para que los niños desarrollen su imaginación.