Una orla de la Facultad de Medicina de Madrid (1890-1891), Pieza del Mes junio 2009

Se define con este nombre a todo adorno grabado, dibujado, impreso o bordado que figura alrededor de un papel o tela. Con el paso del tiempo su significado ha quedado vinculado a un cuadro en el que se reúnen las fotografías de los estudiantes de una misma promoción, una vez que terminan sus estudios.

La orla que exhibe el Museo como pieza del mes, nos presenta fotografías, en medallón ovalado, de profesores y alumnos del curso 1890-1891, de la Facultad de Medicina de Madrid. Del lado derecho de ésta, se recoge un grupo de 23 profesores, entre los que destacan Julián Calleja Sánchez, primer Presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de la capital; Andrés Busto y López, médico de Cámara durante el reinado de Isabel II, miembro de la Real Academia de Medicina desde 1877; Esteban Sánchez-Ocaña y Hernández, muy reconocido en la Corte y Palacio Real al ser médico de Cámara de la regente María Cristina; Carlos Cortezo, impulsor del estudio de las bacterias, fue el creador del Instituto de Higiene de Alfonso XIII, que contó entre sus investigadores con Santiago Ramón y Cajal; José Calvo Martín, conocido con el sobrenombre de restaurador de la cirugía española; José Letamendi Manjarres, a quien describe Pío Baroja en el capítulo VIII de su obra El árbol de la ciencia; Juan Creus Manso, pionero en el campo de la cirugía y traumatología; fue rector de la Universidad de Madrid en 1884.

De este elenco de profesores disfrutaron los 53 alumnos que aparecen en el lado izquierdo, separados de sus docentes mediante una rama de espino donde se descubre el emblema de cirugía: una copa sobre la que se enrosca una serpiente y, debajo, la mano sanadora y ojo. Del grupo, reseñemos que nueve son de nuestra Región y tres de ellos de Olivenza: Luis Limpo Rabocho, Manuel Gómez González y Eliseo Mata Gómez.

En el extremo inferior derecho de mencionada orla se lee el estudio fotográfico donde fue realizada: Napoleón hijo Fotº MADRID.

Pieza del Mes mayo 2009: acordeón diatónico

El acordeón diatónico pertenece a la familia de instrumentos de viento. Nace en Austria alrededor de 1829. Rápidamente se extiende por Europa, llegando también a América y Rusia. Parece ser que sus precursores  son los llamados órganos de boca, que provienen de Asia y son los primeros instrumentos que se conocen que han usado lengüeta libre para la producción de sonido.

Fue patentado por Damián, un vienés que se dedicaba a la fabricación de diferentes útiles de música.

Desde su nacimiento evolucionó poco hasta llegar al año 1880, momento en que se le añadieron los botones de acompañamiento. La posibilidad de interpretar una melodía con un acompañamiento a base de acordes (de aquí viene su nombre) permite que el acordeón se introduzca en los diferentes folklores, constituyéndose en un instrumento básico para danzas populares. Se llegó a conocer como el piano de los pobres. Con el paso del tiempo le añadieron numerosos funcionamientos técnicos, dando lugar a una gran diversidad de modelos.

El que muestra el Museo González Santana, se encuentra expuesto habitualmente en la sala de música. Consta de un fuelle central de cartón de color granate forrado de papel negro y reforzado en algunos cantos con aplicaciones metálicas. Está cerrado en ambos extremos por dos laterales de madera.

La parte de la mano derecha tiene un sistema de diez palancas (falta una), con las que se interpreta la melodía; la de la mano izquierda presenta dos botones para los bajos y una válvula que permite introducir o sacar aire del fuelle sin que suene ninguna nota. Con ella se regula el volumen de aire que contiene el mismo.

Las principales características del acordeón diatónico es su bisonoridad, pues al pulsar un botón se pueden producir dos notas: una al abrir el fuelle y otra al cerrarlo.

Este tipo de instrumento ha estado relegado a un uso casi exclusivo de la música tradicional, en la que se ha desenvuelto con impecable dignidad. Su evolución hacia completos modelos cromáticos bisonoros de tres hileras, le permite un gran abanico de posibilidades en todo tipo de estilos musicales.

 

una funda de almohada, Pieza del Mes abril 2009

          La almohada es una pieza mullida que sirve para apoyar la cabeza mientras se descansa o se duerme. Su finalidad es mantener recta la columna vertebral rellenando la concavidad del cuello para relajar la nuca y evitar tensiones.

Etimológicamente proviene del árabe andalusí al mujadda, cuya raíz jadd significa lado o mejilla, por lo que se relaciona con el hecho de apoyar la mejilla o descansar de lado.

Se han hallado almohadas en Mesopotamia y en tumbas del Egipto Antiguo, realizadas en madera. Durante más de mil años las dinastías chinas usaron materiales como madera, jade, bronce, bambú y porcelana para dar forma a sus almohadas, que decoraban como animales, plantas, personas o figuras geométricas. En la Antigua Grecia y Roma se comenzó a usar paja, caña y plumas para confeccionarlas. durante el Medievo, en Europa, éstas y los cojines bordados se convirtieron en artículos de moda.

La funda de almohada que se exhibe como pieza del mes presenta forma rectangular; está realizada en tela acolchada cubierta por el reverso de tela de listas en tonos beiges y pespunteada en rojo formando cuadrados. El anverso es de seda bordada al matiz con motivos floreales y nombre en mayúscula de su propietaria, RITA LIMPO. Formó parte de la exposición Fondos en sombras, celebrada en agosto de 1994 en Olivenza.

Una bula papal, Pieza del Mes marzo 2009

Una bula es un documento sellado con plomo sobre asuntos políticos o religiosos en cuyo caso, si está autentificada con el sello papal recibe el nombre de bula papal o bula pontificia.

El nombre de bula procede del latín bulla, término que hace referencia a cualquier objeto redondo artificial, y en un principio se utilizaba para referirse a la medalla que portaban al cuello, en la antigua Roma, los hijos de las familias nobles hasta el momento en que vestían la toga.

En el siglo VI se comenzó a utilizar un sello circular, generalmente de plomo aunque, en ocasiones muy solemnes, podía utilizarse el oro, como medio de  autentificar ciertos documentos. Dicho sello, no el documento en sí, recibió el nombre de bula.

En el caso de tratarse de un documento papal la bula representa por un lado las cabezas de San Pedro y San Pablo y por el otro el nombre del Papa bajo cuyo pontificado se emitía el documento.

Esta bula o sello se unía, por medio de una cuerda de cáñamo o de una cinta de seda roja o amarilla, al documento;  hasta el s. XI  fue un papiro lo que explica los pocos originales que se han conservado, quedando en muchos casos sólo el propio sello de plomo. A partir de este siglo el papiro fue sustituido por el pergamino y posteriormente se usó el papel.

A partir del s. XIII el término bula deja de hacer referencia al sello para pasar a describir el documento sobre el que se colocaba y, desde el s. XV, deja de hacer referencia a cualquier documento papal para reservarse a las cartas apostólicas relativas a materia de fe o interés general, concesión de gracias y privilegios, o asuntos judiciales o administrativos expedidos por la cancillería apostólica.

En el s. XVIII el sello de plomo fue sustituido por la estampación de un membrete rojo.

El Museo exhibe durante el mes de marzo una de estas bulas o sello de plomo que, como se indicaba anteriormente, por un lado presenta las cabezas de San Pedro y San Pablo separadas por una cruz y con las iniciales SP sobre cada una de ellas. En el otro, se graba el nombre del Papa,  LEO-APA XII. Se unía al documento mediante un hilo de cáñamo.

León XII,  llamado Aníbal Della Genga fue elegido Papa el 28 de septiembre de 1823, después de la muerte de Pío VII.  Murió el 10 de febrero de 1828, dejando fama de excelente pontífice y  hombre de grandes virtudes.

Una radio, Pieza del Mes febrero 2009

Las bases teóricas de la propagación de ondas electromagnéticas fueron descritas por James ClerK Maxwell en 1873. Quince años después Rudolf Hertz ideó un dispositivo para producir este tipo de ondas, sentando las bases para el envío de señales de radio. En su honor, éstas pasaron a denominarse hertzianas.

Es difícil atribuir la invención de la radio a una sola persona. En Rusia se considera a Aleksander Popov como su inventor; en Estados Unidos, a Nikola Tesla; en Reino Unido, a Guillermo Marconi. Éste obtuvo, en 1896, la primera patente del mundo sobre la radio. Gracias a ello montó la primera estación de radio en la isla de Wight, en Inglaterra, en 1897, y abrió la primera factoría de equipos de transmisión sin hilos. Hacia 1901 se transmitieron señales de un lado a otro del Atlántico.

Casas comerciales como Phillips, Bell, Radiola y Telefunken consiguieron la audición colectiva de la radio en 1928. Fueron los laboratorios Bell los que dieron vida al transistor.

En España, las primeras emisoras y receptores fueron utilizados por el ejército. En 1922, se transmitieron algunas óperas desde el Teatro Real.

La industria radioelectrónica, a mediados de los años 40, estaba concentrada en Cataluña. A partir de 1940 se produce un desarrollo de la radiodifusión, coincidiendo con la electrificación de todo el país.

La pieza que durante este mes exhibe el Museo presenta caja rectangular con altavoz frontal guarnecido con tela. Debajo se localiza el dial, a cuyos lados se insertan dos mandos circulares de plástico beige y dorado. Fechada en 1959, carece de marca. Ha sido restaurada varias veces por su antiguo dueño, mecánico electrónico.

Una cartilla Rayas, Pieza del Mes enero 2009

En el año 2005 se cumplió el centenario del diseño y puesta en marcha del método de lectura por la escritura RAYAS. Supuso, en su día, una auténtica revolución pedagógica, en relación con el tratamiento del aprendizaje lecto-escritor, por cuanto abordaba ambos aprendizajes de forma simultánea e inseparable.

RAYAS fue ideado entre 1904 y 1905 por Ángel Rodríguez Álvarez, que ejercía el magisterio en Canarias, e impulsado, editado, distribuido y propagado a partir de 1905, por Agustín Sánchez Rodrigo.

El autor consideraba que si el método se imponía, se habría dado un enorme paso en la lucha contra el analfabetismo y, sobre todo, se conseguiría que el niño no aborreciese la lectura, elemento instrumental básico para el posterior acercamiento a la cultura.

La situación social en Extremadura, en el siglo XIX, hacía que una gran mayoría de la población, ocupada en labores agrícolas, tuviera que abandonar la escuela sin haber aprendido lo más básico, alcanzándose, en 1864, una tasa de analfabetismo que superaba el 82%.

En estas condiciones, el extremeño Agustín Sánchez Rodrigo puso en marcha la primera casa editorial extremeña con proyección nacional en Serradilla,  pequeña localidad de Cáceres.

La primera novedad que introdujo el autor fue relacionar, por primera vez, de forma clara la lectura, la escritura y las primeras nociones gramaticales. El secreto del éxito radicaba en hacer del aprendizaje de la lectura y la escritura casi un juego para el niño, pues estaba convencido de que la causa de que muchos adultos no tocasen un libro, estribaba en que su sola presencia les recordaba el martirio de los silabarios y catones. Entendía, además, que la curiosidad de los niños es muy activa, cansándose ante lo que suponga adoptar una actitud pasiva, tal como la de escuchar.

El hecho de tener en cuenta este factor psíquico fue otro de los pilares del éxito del método.

La primera página tenía sencillos dibujos con combinación de varios tipos de líneas, para que el alumno, al copiarlos, ejercitase la grafomotricidad y direccionalidad del trazo; posteriormente, se copiaban las letras a la vez que se aprendía a leerlas. En definitiva, se comenzaba con el trazo, para continuar con su interpretación.

Rayas se propuso, desde el punto de vista pedagógico, eliminar el aburrimiento del niño y transformar en placer lo que antes era tortura.  Desde el primer día los niños no hacían palotes sin sentido, sino que escribían letras, sílabas, palabras, frases y aprendían a escribir y a leer al mismo tiempo.

En 1933, tras la muerte de Agustín Sánchez Rodrigo, su editorial lanzó al mercado un millón de ejemplares. Por estos años, la política educativa de la II República multiplicó por cien el número de maestros. El fin del analfabetismo en Extremadura empezaba a ser una realidad.

Un traje de cristianar, Pieza del Mes diciembre 2008

El Bautismo es el primer sacramento de la Iglesia y tiene como material fundamental el agua. Según Jesucristo, nadie puede entrar en el reino de los cielos si no renace del agua y del Espíritu Santo.

      Tres han sido las maneras de bautizar: por inmersión, introduciendo en el agua el cuerpo de la persona, quien bajaba por unas escaleras y subía por otras, como ocurría en la iglesia visigoda de Valdecebadal, próxima a San Francisco de Olivenza; por aspersión, arrojando el agua sobre el cuerpo; por infusión, vertiendo el líquido cristalino sobre la cabeza. A ello se acompaña la invocación a la Santísima Trinidad por parte del sacerdote.

Con el paso de los años se hizo habitual bautizar a los recién nacidos ante el elevado índice de mortalidad infantil. Para ello se presentaban en la Iglesia vestidos con un faldón bautismal, ejecutado por abuelas o madres,  que solía pasar de generación en generación. Muchos de los bautizados solían portar, junto al faldón, reliquias, rosarios, los Santos Evangelios o amuletos para protegerlos. Tras recibir el Sacramento, dichas piezas  se colocaban en su capazo y cuna.

El faldón que se exhibe como pieza del mes está fechado hacia principios del siglo XX y se caracteriza por la riqueza de  materiales utilizados: seda y  encaje de Chantilly.

Un estereoscopio, Pieza del Mes noviembre 2008

Parece ser que Euclides y el genial Leonardo da Vinci ya observaron y estudiaron el fenómeno de la visión binocular, siendo considerados los pioneros en este tema. También el famoso astrónomo Kepler llevó a cabo estudios sobre la estereoscopia.

Curiosamente la estereoscopia precedió a la fotografía. Fue un físico escocés, Sir Charles Wheatstones, en junio de 1838, el primero en describir,  con cierto rigor, el fenómeno de la visión tridimensional, construyendo un aparato, el estereoscopio, con el que se podían apreciar, en relieve, dibujos geométricos.

Años más tarde, en 1849, Sir David Brewster diseñó y dio vida a la primera cámara fotográfica estereoscópica, con la que obtuvo  fotografías en relieve. Además, patentó un visor con lentes para observarlas.

Posteriormente Oliver Wendell Holmes, en 1862, construyó otro modelo de estereoscopio de mano que se hizo muy popular a finales del  s. XIX.

Una de estas piezas, del año 1904, es la que muestra el Museo durante el mes de noviembre. Este modelo de estereoscopio, tipo Holmes, es un instrumento de aluminio a través del cual pueden observarse fotografías de objetos, pero no como representaciones planas, sino con profundidad y apariencia sólida.

La idea básica de las imágenes estereoscópicas es que partiendo de dos imágenes desde el mismo punto de vista, pero con una pequeña diferencia de ángulo entre ellas, el cerebro se encarga de unirlas, formando una sola que es la que produce la visión tridimensional. Así, con este aparato, se pueden ver, en relieve, fotografías estereoscópicas montadas sobre cartón como las que se exponen junto a él.

Estas fotos se colocan en un soporte que se desliza horizontalmente adaptándolas a la visión de la persona. Se observan a través de dos objetivos con lentes separadas e inclinadas para que coincidan y se fundan las dos imágenes en una tridimensional.

Ilustres científicos como el Premio Nobel, Don Santiago Ramón y Cajal, utilizaron la estereoscopia para presentar sus trabajos científicos.

un guardapolvo, Pieza del Mes octubre 2008

El guardapolvo es una  prenda de vestir a modo de bata o blusón de tela ligera que se usa para preservar la ropa de polvo y manchas. Otros significados  de la palabra guardapolvo son: Tejadillo voladizo construido sobre un balcón o una ventana, para desviar el agua de lluvia. Caja o tapa interior que suele haber en los relojes de bolsillo para mayor resguardo de la máquina. Piezas que, a manera de alero corrido, enmarcan el retablo por arriba y por los lados.

Primero se emplearon en los laboratorios; posteriormente, los médicos los adoptaron junto con los procedimientos de asepsia y antisepsia promovidos por Lister, a finales de 1860.

Con el paso de los años, se utilizó en educación con el fin de evitar distinciones entre los alumnos y hacer más asequible la indumentaria de los escolares. Uno de éstos se puede localizar en la sala que el Museo dedica a la Escuela, perteneciente a las antiguas Escuelas Parroquiales del Sagrado Corazón.

Fue una prenda que también se usó  por parte de vendedores y artesanos.

El material preferido para tejerlos fue el algodón por su bajo coste. Se caracterizan por su hechura  recta,  para facilitar los movimientos, y por realizarse en azul o blanco.

Un arado romano, Pieza del Mes septiembre 2008

El mundo rural en la primera mitad del s. XX vivía fundamentalmente de la agricultura y la ganadería.

El acondicionamiento de los suelos es una tarea básica cuando deseamos mantenerlos como terrenos de cultivos productivos. La labranza es la primera operación en cualquier proceso de acondicionamiento, sin ella la siembra y germinación de las semillas se hace inviable, para ello se prepara la tierra de cultivo, volteándola mediante un apero denominado arado. Este útil, el más representativo de la agricultura, tiene varias funciones: remover y voltear la tierra, romper terrones, abrir surcos, enterrar la simiente después de la siembra, extraer frutos del suelo, etc. Es, así mismo, el útil que ha merecido mayor atención por parte de la investigación científica.

Los primeros arados fueron probablemente ramas de árboles con forma de horquilla, uno de cuyos extremos se utilizaba para cavar en la tierra, y el otro o los otros se usaban como mango. En un principio, el arado era tirado por personas, luego por bueyes o mulos, y en algunas zonas por caballos. Actualmente esta función la realizan los tractores.

Los antiquísimos dibujos que se hallaron en forma de pinturas y grabados rupestres son testimonio de que el arado fue uno de los primeros instrumentos usados por el hombre sedentario.

El arado que exhibe el Museo en la sala de utillaje agrícola es un arado romano o de madera. Tiene todas sus piezas de este material a excepción de la reja, la telera, las abrazaderas y las orejeras que son metálicas. Se compone de una reja lanceolada que se acopla a la telera y se apoya en el dental que es de sección cuadrangular salvo en la zona de la reja que es triangular. Lleva una prolongación vertical en su extremo donde va la esteva. Además cuenta con un agujero por donde se introducen las orejeras que, en este caso, es una sola barra de hierro curvada. Se ajusta con una cuña de madera del lado derecho. La telera, metálica y de sección rectangular, atraviesa el dental y se fija a la cama con dos cuñas de madera, un superior y otra inferior. Ésta última ajusta la reja que se introduce por el orificio de la telera. La esteva va unida al dental con unas abrazaderas metálicas. Es recta, de sección circular y se curva en la empuñadura formando un ángulo casi recto con el resto de la pieza. La cama es curva, va encajada en el dental y tiene sección circular. Se fija al timón con dos abrazaderas metálicas o velortas. Lleva un refuerzo metálico a cada lado en toda su longitud sujeto con clavos  de cabeza redonda. El timón presenta también doble curvatura bastante suave. Es de sección circular y lleva en su extremo tres orificios o clavijeros para enganchar el yugo.

El arado romano se utilizó en gran parte de España hasta bien entrados los años sesenta, que es cuando el motor de explosión empieza a sustituir a los animales de tiro en las faenas agrícolas.