Un juego de arquitectura, Pieza del Mes de enero 2018

Los juegos de construcción son uno de los preferidos por los niños. La capacidad de formar casas, a partir de piezas sueltas, les resulta muy motivador y divertido. De ahí que sea uno de los entretenimientos que perdura durante más tiempo en la infancia, siendo de gran importancia para el desarrollo de su pensamiento lógico-matemático.

Publicidad de un juego de construcciones similar en un diario austriaco

Comenzaron a fabricarse como derivación de los bloques que, desde finales del s. XVIII, se utilizaban para enseñar matemáticas, geometría, y dibujo, para visualizar operaciones abstractas.

En un principio su fabricación fue de forma artesanal en pequeñas carpinterías, con un coste muy elevado por lo que eran destinados a niños de clase alta. Estaban formados por placas de madera con imágenes en sólo dos caras.

Posteriormente los fabricantes advirtieron de sus extraordinarias posibilidades y comenzaron a producir variantes en madera, cartón, y posteriormente, en piedra, metal y plástico.

Se consideró que tenían un gran valor educativo, siendo el pedagogo alemán Federico Fröebel (1782-1852) quien introdujo estos juegos en su elaborado programa docente de las escuelas infantiles, ayudando a explorar en profundidad el razonamiento espacial, el pensamiento analítico y el diseño creativo.

Este mes, el Museo exhibe uno de estos juegos de arquitectura o construcción. Se trata de una caja de madera que contiene bloques de piedra de tres colores, rojo, amarillo y azul grisáceo, de acuerdo con los tres materiales de construcción, ladrillo, piedra arenisca y pizarra para el techo. Pertenece al nivel 3 y en la tapa indica el nº de piezas de cada clase. Se acompaña de un libro con diferentes modelos de construcciones.

Piezas como ésta  fueron un clásico entre los juguetes de los niños alemanes de finales del s. XIX y principios del s. XX. Fue producida por el alemán Friedrich Adolf Richter, a partir de 1882, en su fábrica farmacéutica. Artistas, ilustradores y arquitectos desarrollaron planos de construcción de los kits. Desde 1895, ganó numerosos premios internacionales. Hasta su cierre, en 1963, la empresa vendió aproximadamente cinco mil millones de bloques de anclaje, como ellos le denominaban.

 

Fue donada al Museo por Teófilo Borrallo Gil en 1991.

 

Un alquerque medieval Pieza del Mes de enero 2015

Ya fueran de azar, de estrategia o de habilidad, los juegos eran una parte importante en la vida cotidiana de la antigüedad.

Uno de los  más antiguos del mundo, del que disfrutaron durante miles de años muchas culturas, es el alquerque, perteneciente al grupo de juegos de molino, que cuenta con diversas variantes como el alquerque de tres, de cinco, de siete, de nueve y de doce.

Existen indicios de que es originario del Golfo Pérsico siendo practicado durante miles de años en Egipto y Oriente Medio. Una vez que los árabes invaden la Península Ibérica el juego se extendió a Europa, donde se hizo muy popular durante la Edad Media pudiéndose ver numerosos tableros tallados en sillares y esculpidos en piedra en Catedrales y Abadías de Inglaterra.

El Museo expone, en el mes de enero, un bloque de cuarcita en el que figura inciso un alquerque de nueve también llamado la Danza de los Nueve Hombres, Juego de los Nueve Hombres de Morris o Triple recinto. Fue hallado durante las obras de restauración y rehabilitación del Alcázar de Olivenza en 1986.

Museo Etnográfico "González Santana". Olivenza. Extremadura. Alquerque

El dibujo o tablero se compone de tres cuadrados concéntricos unidos en la mitad de sus cuatro lados por líneas perpendiculares

El dibujo o tablero se compone de tres cuadrados concéntricos unidos en la mitad de sus cuatro lados por líneas perpendiculares. Cada jugador dispone de 9 fichas, de color diferente para cada uno de ellos. El objetivo del juego es conseguir que el contrario acabe con sólo dos fichas sobre el tablero o no pueda realizar ningún movimiento por tenerlas todas bloqueadas.

Para ello, el fin inmediato es intentar hacer molinos (tres en línea) con las fichas propias, lo que da derecho a capturar o ‘comer’ una del contrincante.

El juego tiene dos fases diferenciadas; en la primera, cada jugador, en su turno, coloca una de sus nueve piezas sobre cualquiera de los puntos del tablero que están libres. Una vez colocadas todas comienza la segunda fase, durante la cual cada jugador, en su turno, mueve una de ellas a un punto adyacente libre a través de alguna de las líneas del tablero.

En ambas fases del juego, siempre que la ficha incorporada o desplazada completa un molino, esto es, una secuencia de tres fichas del mismo color situadas sobre los tres puntos de la misma línea (tres en raya), debe capturarse una ficha del adversario; ésta se saca del tablero y no puede volver a ser jugada.

Siempre que se forma un molino se realiza captura, incluso aunque éste se haya completado previamente y se repita de nuevo al retornar una misma ficha a un punto que ocupaba anteriormente. El jugador que realiza la captura elige libremente la ficha entre todas las del adversario que no forman parte de algún molino. En el caso de que todas las piezas del rival formen parte de un molino, elige libremente entre ellas.

Una vez que un jugador sólo dispone de tres fichas sobre el tablero, como consecuencia de haber sufrido seis capturas, puede desplazarlas libremente a cualquier punto del tablero, sin limitaciones de hacerlo tan solo hacia lugares adyacentes.

Hay dos formas de ganar: bloquear las fichas del oponente de forma que en su turno no pueda efectuar ningún movimiento, o bien dejarle con tan solo dos fichas, lo que hace imposible que pueda colocar tres en línea.

La partida puede acabar en tablas, bien cuando ambos jugadores mueven 50 veces cada uno sin que se realice ninguna captura, o bien cuando se repite 3 veces la misma posición de las fichas sobre el tablero.

Este juego de estrategia aparece mencionado o representado en la literatura y el arte. Así, podemos ver una ilustración en el Libro de los Juegos, de Alfonso X El Sabio, una mención en el Sueño de una Noche de Verano, de William Shakespeare y representado en la pintura Mujeres Jugando, de Massimo Campigli.