Un recorte de periódico sobre Miss Olivenza 1933, Pieza del Mes septiembre 2010

En el periódico La Libertad, de 27 de abril de 1933, su corresponsal, en la sección El culto a la belleza, nos informa de la elección de Miss Olivenza, en la noche del 24 de citado  mes, en el intervalo del primer al segundo acto de la representación de la comedia Viva Alcorcón, que es mi pueblo, obra original de Francisco Ramos de Castro y Anselmo C. Carreño. Fue en la pausa entre el segundo y tercer acto cuando se procedió a la lectura de la votación, resultando elegida, con dos votos, la señorita Modesta Rosado, tras desempate con su compañera María Luisa Rodríguez. También se presentaron las señoritas Encarnación Rivero, Pilar y Luisa Núñez.

El jurado lo componían: don Alberto Encinar, empresario del teatro; don Felipe Martínez Rengifo, licenciado en Ciencias; don José Cabalgante, fotógrafo; don Antonio Cárdena, industrial; don Avelino Villard, propietario, y el delegado de LA LIBERTAD, de Badajoz, don Félix Méndez.

Nuestro corresponsal, cuartillas bajo el brazo y lápiz en mano, se dirige a la calle del Carmen nº 20, donde vive Modesta Rosado Tibarra, elegida Miss Olivenza, para entrevistarla. A continuación reproducimos literalmente lo extraído de dicho artículo.

_ Estará usted satisfecha de su triunfo.

* Ya comprenderá usted. Pero yo creo que el jurado ha sido excesivamente benévolo al concederme ese honor.

_ Que usted no esperaba…..

*Claro; ¡Quién iba a suponerlo siquiera cuando hay en Olivenza tantas mujeres bellas.

_ Luego. ¿Si usted se imagina el resultado de la elección no hubiera ido al teatro?

* Estoy muy agradecida al público, al jurado, a la compañía, en fin, a todos, que no se enfaden, que no lo tomen a desprecio, pero no hubiera ido.

_ Tiene usted de modesta algo más que el nombre. Bueno no; a otra cosa. ¿Cuántos años tiene usted?

*Dieciséis he cumplido el día 1 de Agosto.

_ Bien aprobados por cierto. ¿Y….de novio?

*Yo no tengo novio; soy muy joven y creo que por ahora tengo bastante con atender a mis padres y a mis hermanos.

_ Pretendientes……

*No han faltado pero, repito no me llama la atención ninguno.

_ Usted sabrá que no ha estado hablando conmigo, sino con el delegado de LA LIBERTAD.

*No, por Dios: no diga usted nada.

_ Bueno; no diré nada.

Como tomábamos algunas notas la señorita Rosado nos pregunta: ¿Y eso que está escribiendo?

_ Pues para que no se me olvide “que no he de decir nada”.  Ya ve usted linda joven que no digo nada, ni una palabra ¿Se enteran ustedes amables lectores?

CORRESPONSAL

Una caja de azafrán, Pieza del Mes agosto 2010

El cultivo del azafrán se remonta a unos 3000 años, en Asia. Se obtiene de los estigmas de la flor de Crocus Sativus, conocida vulgarmente como rosa del azafrán. Es de la familia de las Iridáceas, caracterizada por tener una flor color lila donde destaca el rojo de los estigmas y el amarillo de los estambres. Ha sido utilizado como condimento, fragancia, tinte y fármaco. En Egipto lo emplearon Cleopatra y otros faraones como esencia aromática y seductora, así como para hacer abluciones en templos y lugares sagrados.

En España es muy cultivado en Castilla la Mancha y Aragón. Digamos que la ciudad de Novelda, en Alicante, nunca lo cultivó por motivos climatológicos, pero desarrolló una importante industria envasadora, especializada en la comercialización de azafrán y otras especias, que salían por Sevilla y Málaga con dirección a América, y desde Barcelona o Valencia hacia Europa.

La caja metálica que exhibe el Museo sirvió para contener el oro rojo, el azafrán. En ella se reconoce a Vda de Jorge Romero como la empresa encargada de comercializarlo. En la tapa aparecen litografíados  tres pollitos amarillos,  que dan nombre a la marca,  Polluelos, ladeados por dicha planta.

Pieza del Mes julio 2010: Sellos del pan

La madera es una de las materias primas más utilizadas en la larga historia de objetos realizados por la humanidad, gracias a su docilidad y la facilidad de su obtención. En muchas ocasiones el artesano que la practica no tiene conciencia de desempeñar un oficio sino cubrir sus propias necesidades con la materia y las herramientas que tiene más a mano.

Dentro de la cocina popular abundan los objetos realizados en madera: cucharas, cucharones, espumaderas, morteros, saleros, cuencos, platos, manos de pasapurés, de chocolatera, de mielera, etc.

El pan de consumo diario se amasaba en casa y se cocía en horno propio o se llevaba a cocer al horno comunal. En su elaboración intervenían un conjunto de útiles de carpintería monóxila, aquella que obtiene objetos de una sola pieza, sin ensambladuras ni construcciones con otras.

Los útiles principales en la elaboración del pan son la artesa y las palas. Pero unas piezas singulares en esta faena, cuya fabricación corre a cargo, generalmente, de pastores o de artesanos no profesionales, eran los sellos, necesarios para identificar y distinguir el pan de las diferentes casas, cuando se llevaba a cocer al horno comunal. Eran pequeñas marcas con las iniciales del propietario o algún dibujo personalizado, y los más sencillos se limitan a dibujos o letras en negativo que al presionar sobre la masa blanda dejan su impronta en positivo.

El Museo exhibe tres sellos de pan, dos de ellos con forma troncocónica y un asidero. Su decoración  es un corazón tallado y una flor de cuatro pétalos. El tercero, de forma diferente, deja estampado en el pan una hoja.

Una taza, Pieza del Mes junio 2010

En Olivenza, la alfarería fue un oficio con tradición. Desde el siglo XV se tienen noticias de la Rua dos Oleiros, actualmente C/Díaz Brito, donde se ubicaba este gremio, fabricando todo tipo de vasijas: cántaros, tinajas, jarrones y jarras, platos, vasos, tazas… Al lado del taller se encontraba el horno donde se cocían las piezas.

En Portugal destacó la cerámica de Caldas da Rainha, realizada con barro local de color blanco amarillento. Sus platos, jarras, vasos…, eran ejecutados con el torno, mientras que los animales, reptiles, frutas…, se hacían con moldes de yeso. La decoración se conseguía aplicando vidriados coloridos obtenidos por la adición de óxidos, que se molían en morteros para, después, mezclarse con minio y arena molida. Todo ello se diluía en agua para ser aplicados a pincel sobre la pieza seca. La técnica del musgado se lograba al pasar el barro por una red o útil similar.

Todas estas piezas se cocían a unos 800º centígrados.

En nuestra localidad, la técnica comentada fue aplicada por Francisco Lemus Rodríguez, más conocido por Panassa, quien estudió en Caldas da Rainha, lugar al que solía desplazarse en busca de barro. Panassa destacó por la originalidad de sus juegos de café, vidriados en negro y con una peculiar decoración en su cuerpo, a base de motivos arenados y con incrustaciones de piedras blancas. Además, en el interior de sus tazas solía encontrarse una rana o tortuga, lo que daba mayor originalidad al conjunto. Un ejemplo de ello es la que exhibe el Museo como pieza del mes.

Un talochero, Pieza del Mes mayo 2010

El oficio de zapatero es casi tan antiguo como la humanidad puesto que, aunque entonces no se consideraba como tal. Se originó cuando la necesidad llevó al ingenio humano a crear una protección para los pies.

Dentro de los avances que se produjeron durante la Edad de Piedra encontramos que, la confección del calzado, de manera muy rudimentaria, era una labor que desempeñaban las mujeres. Posteriormente, conforme evolucionaba la civilización, dentro de cada clan se produjo una división de los trabajos que conduciría a la especialización que podemos considerar como oficios.

Es en la Edad Media, alrededor de los siglos X y XI, cuando se produce un cambio decisivo en la historia del oficio: los zapateros se agruparon en cofradías que velaban por sus intereses. Al igual que otros trabajadores se congregaban en la misma zona e instalaban sus talleres en calles secundarias próximas al centro de la ciudad. Testimonio de ello es la pervivencia, en muchas ciudades modernas, de calles que aún siguen siendo nombradas según el trabajo que en ellas se realizaban: zapateros, herreros, carniceros….

Tras la transformación de las cofradías en los gremios medievales, a finales del siglo XI, se documenta una férrea organización de los talleres que se regían mediante una normativa muy estricta. Los maestros zapateros urbanos llegaron a tener una vida bastante opulenta, mientras que los más pobres se agrupaban en zonas rurales confeccionando calzado sencillo para los campesinos. También existían los zapateros ambulantes que llevaban el taller consigo trasladándose entre distintos núcleos rurales.

A mediados del siglo XIX la industrialización de los procesos de producción de calzado, gracias a la nueva maquinaria, fue eminente y los zapateros artesanos casi quedaron relegados a la categoría de “zapateros remendones” o de reparación de calzado usado.

Los zapateros que actualmente trabajan en talleres tradicionales, cortan, clavetean y cosen los zapatos con procedimientos casi idénticos a los de sus predecesores hace 2000 años, y sus herramientas tampoco se diferencian de las que observamos en antiguas representaciones.

Dentro del grupo de herramientas figura la de los yunques, entre las que hay una variedad con la forma de la puntera llamada talochero. El Museo expone este mes uno de ellos. Se trata de un pequeño yunque de hierro fundido, en forma de C por lo que también recibe el nombre de cuello de cisne. Tiene dos profundos surcos en cada costado y el extremo rematado en una puntera. Está clavado en una alta pieza de madera, troncocónica, con una base cuadrada; ésta  se refuerza con dos arandelas de hierro en ambos extremos. Lo usaba el zapatero situándolo entre las rodillas.

Un sagrario, Pieza del Mes abril 2010

El Sagrario es la urna donde se guardan las Sagradas Formas.

Ya en las Constituciones Apostólicas se dice que las especies consagradas durante la Misa deben llevarse a un local adecuado, denominado secretarium o  sacrarium. Sus llaves  estaban en manos de los diáconos, a quienes competía la administración de la Eucaristía. En dichos locales, la Sagrada Forma se colocaba en un cofrecito o en una tela blanca de lino, todo ello guardado en un armario, siendo éste el primer tabernáculo.

De los anteriores, de pequeñas dimensiones, se pasó a otros que, desde el siglo IX, fueron alcanzando un tamaño notable.

A partir del siglo XI se descubren diferentes tipos de custodias del Santísimo Sacramento, como el tabernáculo mural, que se situaba al lado del altar. Tras el Concilio Vaticano II comenzó a ubicarse sobre el altar. Desde el siglo XV el sagrario se añadió al retablo, formando parte de ellos y tallado según el estilo del momento.

Es curioso reseñar como en los templos oliventinos el sagrario se encuentra en el centro del retablo, en su parte inferior, pero también se localiza en el camarín, en la zona superior que remata la grada que, a veces, servía para colocar la Custodia.

Actualmente se dispone que el Sagrario se coloque en una parte de la Iglesia que sea bien visible y apta para la oración.

El Sagrario que expone el Museo es de forma rectangular, rematado con frontón curvo coronado con cruz griega y adornado con arcos ojivales apuntados. En su parte frontal, una puerta flanqueda por dos columnas, se observa cáliz dorado y cerradura.

Una mantilla, Pieza del Mes marzo 2010

La mantilla es una prenda popular española consistente en un elegante tocado femenino de encaje.

Aunque el origen no es del todo bien conocido, se cree que los primeros velos y mantos que utilizaban las mujeres como adorno y prenda de abrigo, son el origen de las primeras mantillas conocidas. La evolución de esta prenda estuvo marcada por factores sociales, religiosos e incluso climáticos. Estos últimos eran visibles en el tipo de tejido utilizado para su confección. En la zona norte se empleaban telas tupidas con una finalidad clara: servir de abrigo; en el sur, se utilizaban fibras con fines meramente ornamentales, como la seda.

Fueron las clases populares las primeras en emplear la mantilla, sin arraigo entre la aristocracia. Comenzaron a usarse sin peineta, a modo de abrigo y no  como elemento ornamental.

En el siglo XVII ya era habitual utilizar la mantilla de encaje como prenda distinguida, sustituyendo, poco a poco, el paño por los encajes. Sin embargo, su uso no se generalizó entre las clases más altas hasta bien entrado el siglo XVIII  como se aprecia en numerosos cuadros de Goya.

La reina Isabel II (1833-1868), muy aficionada al uso de tocados y diademas, empieza a popularizar su uso, costumbre que pronto adoptan las mujeres más cercanas a ella. Las damas cortesanas y de altos estratos sociales comienzan a utilizarla en diversos actos sociales, lo que contribuye, en gran medida, a darle un aire distinguido, tal y como ha llegado a nuestros días.

Actualmente la reina Sofía y sus hijas también acostumbran a llevarla cuando van vestidas de gala.

En el siglo XX, la mantilla fue perdiendo popularidad, salvo en algunas regiones donde tardó en desaparecer. Hoy en día perdura esta costumbre y es más fácil ver mantillas en el centro o sur de nuestro país que en la zona norte. Actualmente,  su uso ha quedado restringido a determinados eventos como procesiones de Semana Santa, bodas de gala o  los toros.

La mantilla deberá contar con el largo adecuado a cada persona; por su parte delantera, con un largo hasta la altura de  las manos y, por detrás,  unos dedos por debajo de la altura de la cadera. Para evitar el vuelo de la mantilla, es conveniente sujetarla al vestido de forma discreta (generalmente por los hombros). Pueden ser de blonda, de chantilly y de tul.

En cuanto a la peineta, debe estar en consonancia con la altura de quien la lleva y a la de su pareja, si va acompañada. Debe ajustarse bien al moño y cubrirla de forma correcta y bien equilibrada con la mantilla. Detrás se coloca un broche para fruncirla y que no vaya suelta.

Un jarrón florero, Pieza del Mes febrero 2010

Es posible que el origen de la manufactura del vidrio se encuentre en artesanos asiáticos que se establecieron en Egipto. Durante la época helenística, este país se convirtió, gracias a la producción de Alejandría, en el principal proveedor de objetos de cristal a las cortes reales. No obstante, digamos que fue en las costas fenicias donde se desarrollo el vidrio soplado, en el siglo I a.C. Tras la dominación romana, esta técnica se extendió por todo el Imperio.

Uno de los productos estrella realizado en vidrio fue el jarrón con la finalidad de ser utilizado como florero o simplemente como elemento decorativo, llegando incluso a convertirse en parte de la historia de algunos países, caso de Colombia, con su famoso episodio del florero de Llorente, también conocido como La reyerta de 20 de julio de 1810.

Digamos también que los primeros jarrones se trabajaron en barro, posteriormente en porcelana, un claro ejemplo de esta tipología son los de la dinastía Ming, obtenidos mezclando arcilla blanca con piedra molida, sin olvidar los ejecutado en metales como bronce. Cobre y oro.

Durante este mes, el Museo exhibe este jarrón florero de vidrio, ligeramente ahumado, decorado con rocallas y motivos florales, todos ellos pintados a mano.

Un juego de Bingo, Pieza del Mes enero 2010

Existen diferentes versiones sobre el verdadero origen del Bingo. Se sabe que es un juego antiguo que ha entretenido a cientos de generaciones en todo el mundo.

Unos consideran que se originó en la época romana, otros que en la Italia del s. XVI, como una lotería llamada “Lo Gioco de Lotto. Se jugaba principalmente por el pueblo, en las ferias. El mecanismo y las reglas eran básicamente las mismas que las de hoy en día. Unos 200 años más tarde, el bingo se trasladó a Francia. Aquí ya no era el pueblo quien jugaba sino la aristocracia, la gente más cercana al poder. Al llegar a Alemania, adoptó un sentido educativo además del mero entretenimiento.

Cuando el juego llegó a España y a México, adoptó características propias a estas culturas. A los EEUU llegó en 1929. En este país se jugó por primera vez en Atlanta y, como había ocurrido en los demás países, comenzó a ser muy popular.

Sobre el nombre de este singular juego hay muchas leyendas. Una de ellas da cuenta de que la palabra bingo surgió a finales del s. XIX en Gales, donde un grupo de trabajadores de las minas, que prácticamente no tenían dinero ni para comer, apostaron en tarjetas muy precarias, marcando los números sorteados con habas (Bean, en inglés). Aquel que ganaba se llevaba todas las habas recolectadas en las tarjetas de todos los mineros. O sea, el victorioso podría llevar un saco lleno de habas para casa, y así nació la expresión “bean go” para sugerir que las habas iban hacia el vencedor.

Las herramientas del juego consistían en habas secas, unas piezas de gomas con números y algunas tarjetas. Un vendedor de juguetes de Nueva Cork llamado Edwin Lowe captó la fascinación de los jugadores al gritar “¡beano!” cuando completaban una línea de sus tarjetas. Lowe introdujo el juego para sus amigos en Nueva york donde uno de ellos por error dijo espontáneamente “¡bingo!” en su exaltación. El bingo de Lowes, el iniciador del juego “Lowes Bingo”, buscó los servicios de un profesor de matemáticas de la Universidad de Columbia, Carl Leffler, para ampliar la cantidad de combinaciones. En 1930, el profesor creó 6000 tarjetas de bingo con grupos de números no repetidos.

Sea cual sea el verdadero origen de su nombre, el Bingo, desde su aparición, ha llevado a familias enteras a los salones, inclusive a los lujosos casinos, como los de Monte Carlo y se transformó en una prometedora industria global de entretenimiento y ocio.

El bingo es un juego con reglas bastante simples. Un moderador “canta” los números que salen al azar y los jugadores los van marcando en los cartones que hayan comprado. Se tienen dos opciones, la primera es la posibilidad de formar “línea”, que se obtiene cuando alguno de los jugadores logra completar todos los números de una línea determinada. La otra opción es el “bingo”, que se gana cuando se completan todos los números del cartón.

El museo este mes expone un juego de bingo pero más rudimentario. Datado en 1917, consta de 23 cartones agrupados por colores y con 15 números cada uno. Las fichas, un total de 90, son de madera, con el número manuscrito por las dos caras. Estas se metían en una talega o saquito de donde se iban sacando para llevar a cabo el juego. En este caso puede considerarse un juego meramente infantil.

Un belén, Pieza del Mes diciembre 2009

El belén, también denominado nacimiento, misterio, pesebre o portal, sirve para representar el nacimiento de Jesucristo, durante la Navidad, en hogares e iglesias.

La primera celebración navideña en la que se montó un belén fue la Nochebuena de 1223. Corrió a cargo de San Francisco de Asís en una cueva próxima a la ermita de Greccio, en Italia. Allí se celebró una misa nocturna donde destacó la representación simbólica de un pesebre. No obstante, digamos que existen antecedentes de esta representación plástica del nacimiento de Jesús en catacumbas, iglesias y otros lugares relacionados con el culto cristiano.

El montaje de belenes se consolidó como tradición en Italia gracias a los monjes franciscanos, quienes lo usaron como elemento de predicación, no sólo en Europa sino también en América.

En España su gran difusor fue el rey Carlos III, antiguo rey de Nápoles. Esta tradición contó con importantes artistas españoles que tallaron figuras del belén caso de Luisa Roldán o Francisco Salzillo.

Existen gran variedad de belenes; se pueden clasificar atendiendo a su montaje, abiertos o cerrados; a su técnica, populares o artísticos; al estilo de sus figuras y paisajes, bíblicos, locales o modernos. Atendiendo a lo anterior, el que exhibe el Museo, como pieza del mes de diciembre, es de estructura cerrada, pues se recoge en maqueta de madera, dejando como única vista su parte frontal; es de tipo popular, elaborado con materiales populares como corcho, papel plateado y barro; de carácter bíblico ya que recrea personajes, enseres y costumbres del nacimiento de Jesús.

Este Belén,  junto con otros cuatro, está expuesto en la Sala de Arte Sacro formando parte de la exposición permanente.