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un guardapolvo, Pieza del Mes octubre 2008

El guardapolvo es una  prenda de vestir a modo de bata o blusón de tela ligera que se usa para preservar la ropa de polvo y manchas. Otros significados  de la palabra guardapolvo son: Tejadillo voladizo construido sobre un balcón o una ventana, para desviar el agua de lluvia. Caja o tapa interior que suele haber en los relojes de bolsillo para mayor resguardo de la máquina. Piezas que, a manera de alero corrido, enmarcan el retablo por arriba y por los lados.

Primero se emplearon en los laboratorios; posteriormente, los médicos los adoptaron junto con los procedimientos de asepsia y antisepsia promovidos por Lister, a finales de 1860.

Con el paso de los años, se utilizó en educación con el fin de evitar distinciones entre los alumnos y hacer más asequible la indumentaria de los escolares. Uno de éstos se puede localizar en la sala que el Museo dedica a la Escuela, perteneciente a las antiguas Escuelas Parroquiales del Sagrado Corazón.

Fue una prenda que también se usó  por parte de vendedores y artesanos.

El material preferido para tejerlos fue el algodón por su bajo coste. Se caracterizan por su hechura  recta,  para facilitar los movimientos, y por realizarse en azul o blanco.

Un arado romano, Pieza del Mes septiembre 2008

El mundo rural en la primera mitad del s. XX vivía fundamentalmente de la agricultura y la ganadería.

El acondicionamiento de los suelos es una tarea básica cuando deseamos mantenerlos como terrenos de cultivos productivos. La labranza es la primera operación en cualquier proceso de acondicionamiento, sin ella la siembra y germinación de las semillas se hace inviable, para ello se prepara la tierra de cultivo, volteándola mediante un apero denominado arado. Este útil, el más representativo de la agricultura, tiene varias funciones: remover y voltear la tierra, romper terrones, abrir surcos, enterrar la simiente después de la siembra, extraer frutos del suelo, etc. Es, así mismo, el útil que ha merecido mayor atención por parte de la investigación científica.

Los primeros arados fueron probablemente ramas de árboles con forma de horquilla, uno de cuyos extremos se utilizaba para cavar en la tierra, y el otro o los otros se usaban como mango. En un principio, el arado era tirado por personas, luego por bueyes o mulos, y en algunas zonas por caballos. Actualmente esta función la realizan los tractores.

Los antiquísimos dibujos que se hallaron en forma de pinturas y grabados rupestres son testimonio de que el arado fue uno de los primeros instrumentos usados por el hombre sedentario.

El arado que exhibe el Museo en la sala de utillaje agrícola es un arado romano o de madera. Tiene todas sus piezas de este material a excepción de la reja, la telera, las abrazaderas y las orejeras que son metálicas. Se compone de una reja lanceolada que se acopla a la telera y se apoya en el dental que es de sección cuadrangular salvo en la zona de la reja que es triangular. Lleva una prolongación vertical en su extremo donde va la esteva. Además cuenta con un agujero por donde se introducen las orejeras que, en este caso, es una sola barra de hierro curvada. Se ajusta con una cuña de madera del lado derecho. La telera, metálica y de sección rectangular, atraviesa el dental y se fija a la cama con dos cuñas de madera, un superior y otra inferior. Ésta última ajusta la reja que se introduce por el orificio de la telera. La esteva va unida al dental con unas abrazaderas metálicas. Es recta, de sección circular y se curva en la empuñadura formando un ángulo casi recto con el resto de la pieza. La cama es curva, va encajada en el dental y tiene sección circular. Se fija al timón con dos abrazaderas metálicas o velortas. Lleva un refuerzo metálico a cada lado en toda su longitud sujeto con clavos  de cabeza redonda. El timón presenta también doble curvatura bastante suave. Es de sección circular y lleva en su extremo tres orificios o clavijeros para enganchar el yugo.

El arado romano se utilizó en gran parte de España hasta bien entrados los años sesenta, que es cuando el motor de explosión empieza a sustituir a los animales de tiro en las faenas agrícolas.

Una bañera, Pieza del Mes agosto 2008

Su etimología deriva del latín balneum. Además de bañera, se la conoce con otros nombres como bañadera o tina.
Fue objeto de uso tanto en el lejano y medio Oriente como en la Grecia Clásica. Las bañeras individuales más antiguas son fechadas en Babilonia, hacia el 1800 a. C. En Europa, los palacios micénicos revelan la existencia de estancias, donde los héroes, antes de comer, toman un relajado baño en mencionado útil, mientras los sirvientes rocían su espalda con agua caliente. No obstante, digamos que en Occidente su uso no se extiende hasta bien avanzado el siglo XVIII. Frecuente era empolvarse los cabellos en lugar de lavarlos, pues existía la creencia de que bañarse mucho resultaba dañino.
Algunas bañeras han pasado a ser famosas, caso de la de Arquímedes, que parece ser le permitió enunciar el principio que lleva su nombre, la de Cleopatra o la de Marat, donde éste se sumergía para aplacar su enfermedad de piel y en la que murió apuñalado.
La bañera que expone el Museo como pieza del mes perteneció a la familia González Díaz; está realizada en cinc y es de grandes proporciones por lo que se movía mediante unas ruedas de madera.

Una cuchara de madera, Pieza del Mes julio 2008

Suele denominarse “arte pastoril” a un repertorio muy extenso de objetos realizados en materiales ligeros: corcho, madera, asta y cuero. El nombre de arte pastoril es bastante inexacto ya que muchos de los trabajos incluidos en él los realizan no sólo pastores sino también campesinos, cazadores y, en general, cualquier persona con la habilidad necesaria para efectuarlos. Sin embargo, es verdad que gran parte de estas labores han salido, y aún salen algunas, de manos de pastores y hay ciertos objetos como las cucharas y las cuernas, que se hallan estrechamente asociados al oficio mencionado. Dos razones explican esta asociación; primero, la que relaciona los trabajos de paciencia que evidencian las tallas y grabados minuciosos con el tiempo libre del que dispone el pastor mientras apacienta al ganado; segundo, la necesidad de proveerse de un ajuar ligero que pueda ser transportado encima sin dificultad en sus desplazamientos continuos y, a la vez, que sea resistente a los golpes o a las caídas a que se exponen los enseres de un hombre que se mueve constantemente de un sitio a otro. Muchos de ellos sirven, simplemente, para regalar y otros no se usan más que de adorno en las casas. Precisamente suelen ser en éstos en los que el artífice da mayor cabida a su sentido estético.

Las decoraciones de estos objetos pueden ser adornos geométricos, figuras o símbolos ligados al plano de las ideas, de las creencias, los mitos, los relatos, etc. También es corriente que entre los grabados aparezca el año en que se hizo o el nombre o iniciales del pastor, en muchos casos con trazos toscos que revelan que, con frecuencia, no sabían escribir y que alguien, tampoco muy letrado, le dibujó las letras y los números.

Un ejemplo de este tipo de trabajo o “arte pastoril” lo podemos ver en la pieza que este mes expone el Museo. Se trata de una cuchara de madera, de cortas dimensiones. La pala termina en punta y el mango es oval y presenta decoración tallada a base de motivos vegetales, dos triángulos opuestos con bordes incisos y por último, en la parte más estrecha un corazón sobre cuadrícula.

La técnica usada para decorar los objetos de madera, sigue tres procedimientos técnicos: la talla, el grabado a base de incisiones y el grabado a base de dientecillos o triángulos diminutos.

Las herramientas más comunes, para las piezas pequeñas, son la navaja, la legra y el cristal. La navaja de punta, talla y produce las incisiones de la decoración; la legra es un instrumento pequeño con hoja curva afilada con mango, que se usa para tallar las concavidades pequeñas. Se adapta bien, sobre todo, al trabajo de las palas de las cucharas; y el cristal, un trozo de vidrio roto, sirve para rebajar y refinar las superficies consiguiendo efectos de pulido sobre todo en la madera.

Hoy en día están desapareciendo estas “labores de paciencia”. El descenso considerable de los rebaños y la sustitución del utillaje doméstico de cuero y madera por el plástico y el metal, son alguno de los factores que están contribuyendo más efectivamente a la desaparición de esta artesanía.

Unos vales de comportamiento, Pieza del Mes junio 2008

Escasas son las noticias sobre el número de alumnos de las escuelas hasta la década de mil novecientos cuarenta. Luís Bello nos informa de los importantes núcleos de población existentes en las afueras de Olivenza, concretamente en el barrio de Juan Fuentes, La Morera, Ramapallas y Huerta de la Cuerna, donde no llegan los maestros.

Ante las necesidades se fueron construyendo nuevas escuelas, caso de las Graduadas Primo de Rivera, no obstante el nivel de absentismo fue muy amplio, incrementado durante la Guerra Civil. Terminada ésta, se reconoce la ardua labor de la alcaldía por conseguir la total escolarización. En ello jugó un papel importante  la Iglesia de la mano de los sacerdotes Don José Hidalgo Marcos y Don Luís Zambrano Blanco. Al primero se deben los colegios de la Compañía de María y las Escuelas Parroquiales del Sagrado Corazón; al segundo, los de Santa Teresa y San José. Los inicios de estos colegios fueron muy difíciles, pero se consiguió atraer al alumnado poniendo en prácticas una serie de medidas caso de los vales por puntualidad, aseo y aplicación. A ello colaboraba el Ayuntamiento sancionando a  aquellos padres que descuidasen los deberes educativos para con sus hijos.

El Museo expone como pieza del mes de junio tres vales en los que se lee: aseo, puntualidad y aplicación. Por costumbre, se repartían en las escuelas creadas por los sacerdotes mencionados, entre aquellos niños que no faltaban a clase. Gracias a dichos vales los alumnos podían comer gratuitamente en el comedor escolar, conseguían libros, vestimenta apropiada e incluso material de aseo. Los objetivos eran claros: por un lado se evitaba el absentismo; por otro, se permitía al alumno realizar, al menos, una comida diaria y adquirir hábitos de higiene.

Una gradilla o molde de ladrillos, Pieza del Mes mayo 2008

La historia de la humanidad va de la mano de la necesidad de tener un lugar en donde protegerse de las inclemencias de la naturaleza. Desde épocas remotas, el hombre ha buscado para ello, materiales accesibles que sean fáciles de utilizar y que proporcionen la mayor comodidad.

Es probable que la mampostería haya sido inventada por un nómada, hace unos 15000 años, cuando, al no encontrar un refugio natural para protegerse de las adversidades de la naturaleza, decidió apilar piedras para crear un lugar donde guarecerse. Sin embargo, como la transmisión de técnicas era muy lenta, o no ocurría, la “invención” seguramente tuvo que repetirse innumerables veces.

El proceso inmediato en el desarrollo de la mampostería debió ser la utilización del mortero de barro, que permitió no sólo apilar, sino acomodar o asentar con más facilidad, y a mayor altura, las piedras irregulares.

La unidad de mampostería fabricada por el hombre a partir de una masa de barro secada al sol, para sustituir a la piedra natural, debió ocurrir en lugares donde esta última no podía encontrarse.

En el cuarto milenio a. C., de la mano de los sumerios surgen la ciudad, la irrigación, la escritura, los números, la rueda y el molde. Este último constituido por  un marco de madera elemental y rústico aún se emplea en algunos países. El molde es un avance sustantivo en la construcción de mampostería y en otras actividades, pues posibilita la producción rápida de unidades prácticamente iguales.

El Museo este mes, aprovechando el día 3 de mayo “Día del albañil” quiere rendir un merecido homenaje a este oficio exponiendo un molde, gradilla o marco para fabricar ladrillos. Se trata de una pieza de madera con dos huecos rectangulares y un mango para poder manejarla.

El ladrillo es uno de los materiales de construcción más antiguo, y su historia se remonta a los orígenes de la civilización. El ladrillo de barro se inventó entre el año 10000 y 8000a.C.; el  moldeado se desarrolló más tarde, en Mesopotamia, alrededor del 5000a.C. Pero el mayor hito fue la invención del ladrillo cocido, aproximadamente en el año 3500a.C., que permitió la construcción de estructuras permanentes en zonas donde anteriormente no había sido posible.

Se considera el adobe como el precursor del ladrillo, puesto que se basa en el concepto de utilización de barro arcilloso para la ejecución de muros, aunque el adobe no experimenta los cambios físico-químicos de la cocción. El ladrillo es la versión irreversible del adobe, producto de la cocción a altas temperaturas. Su color varía dependiendo  de las arcillas empleadas y sus proporciones cambian de acuerdo a las tradiciones arquitectónicas.

En la actualidad, las nuevas técnicas en la manufactura y el empleo estructural del ladrillo promete un apasionante futuro, lleno de diversidad y de posibilidades estéticas. Después de 10000 años, las perspectivas del humilde ladrillo siguen siendo excelentes.

Un mortero, Pieza del Mes abril 2008

Su nombre proviene del latín mortarium,  no obstante fue un útil empleado mucho antes de que lo hiciese el mundo romano. Desde antiguo se utilizó no sólo en el hogar, para majar alimentos, sino también en botica. Se realizaban de diferentes materiales: madera, metal, cerámica, mármol, granito…

Fueron los pastores los grandes difusores no del mortero, sino de la carpintería monóxila, es decir, de la realizada para cubrir las necesidades propias o con el fin de hacer un regalo. Para ello aprovechaban lo que les proporcionaba la naturaleza; ellos ponían su gran imaginación y tiempo.

El objeto que exponemos es  un  mortero que proviene de Cáceres, de una sola pieza,  realizado más que para cubrir las necesidades propias, para entregarlo como presente. Se  talla a navaja, adquiere forma de cáliz  y en él se descubren incisiones geométricas en la parte inferior y superior.  Tiene seis gallones, aunque uno le falta. Lleva grabada en la copa la inscripción: Teodora García  C  Año 1950. Por su gran belleza y abundante motivos decorativos, es de suponer que éste  tuvo  una función más decorativa que funcional.

Pieza del Mes marzo 2008: Torno de hilar

En marzo de 2006 el Museo mostró como pieza del mes una devanadera, uno de los instrumentos utilizados en el proceso de hilado. Este mes expone otro de los utensilios empleados en la tarea de hilar: el torno de hilar popularmente conocido como rueca.  Esta pieza que  se puede fechar entre mediados del s. XVIII y mediados del s. XIX, procede de la localidad cacereña de Torrejoncillo.

Se compone de un armazón de madera sobre cuatro patas. En uno de sus extremos y atravesando dos piezas de madera se dispone el huso horizontalmente. En el lado opuesto una rueda maciza con borde acanalado giraba por acción de una manivela que se manejaba con la mano izquierda, mientras que la derecha se empleaba en aparejar el lino o la lana.

El arte de hilar las fibras para formar un hilo es tan antiguo que sobrepasa las fechas históricas. Se ha comprobado la existencia de algunos tejidos de fibras naturales utilizados por el hombre de las cavernas. La hilatura en sí no responde al descubrimiento o invención de algún hombre o época,  más bien se trata de una acumulación de conocimientos y pequeños avances tecnológicos a través de miles de años de esfuerzo para encontrar la mejor forma de satisfacer las necesidades de cada día. Cuando se inventó el arte de hilar, la lana se convirtió en el material más útil para hacer vestidos, para la gente que habitaba en climas fríos; pero donde el sol era intenso, la gente seguía usando el limpio y fresco lino.

El objetivo del hilado y de los procesos que lo preceden es transformar las fibras individuales en un hilo continuo cohesionado y manejable. Los procesos varían según el tipo de fibras empleado. Antes de la llegada de las máquinas, el hilado se hacía a mano con el huso y la rueca, que consistía en una vara en la que se fijaba una porción (llamada copo) de la fibra que iba a ser hilada. La rueca se sostenía con la mano izquierda o se enganchaba en el cinturón. El huso era una pieza más pequeña de forma aproximadamente cónica, que se hacía girar con la mano derecha arrollando el hilo alrededor de él a medida que se iba retorciendo.

Alrededor de los s. XIII y XIV se introdujeron en Europa los tornos de hilar, procedentes de la India, que supusieron una mejora sobre las ruecas. A mediados del s. XVIII se produjeron tres grandes invenciones que modificaron radicalmente el procedimiento del hilado. Así, en 1764, James Hargreaves desarrolló la spinning-jenny, una máquina de hilar capaz de producir ocho hilos a la vez; en 1769 Richard Arkwringht inventó la water-frame, hiladora que utilizaba como fuerza motriz el agua;  en 1779 Samuel Crompton creó la mula-jenny, una máquina capaz de producir hilo resistente en grandes cantidades.

Estos tres inventos constituyeron la base de todos los que lo siguieron, porque las máquinas de hilar se han ido perfeccionando, y ahora hay hilanderías con miles de husos, que producen toneladas de hilaza a un ritmo que habría sorprendido a las hábiles hilanderas que manejaban el viejo torno de hilar.

Un traje de subteniente de la policía territorial del Sáhara, Pieza del Mes febrero 2008

La historia de este traje está unida a la de El Aaiún, capital de la República Árabe Saharaui Democrática, en la práctica administrada por Marruecos. En diciembre de 1975, tras la marcha pacífica de miles de marroquíes hacia el Sáhara, la conocida por Marcha Verde, se firmaron los acuerdos de Madrid por la que España cedió el territorio a Marruecos y Mauritania, aunque esta última renunció a su parte, anexionada por Marruecos.

Este traje, compuesto por camisa, corbata, pantalón y guerrera, perteneció a D. Luis Llera Píriz, capitán de marina. Está elaborado con un tejido muy fresco para soportar las altas temperaturas de esas latitudes. En el pantalón, de tejido caqui, figura el nombre del fabricante(Fernández), y el lugar(El Aaiún); en la guerrera, del mismo color, se reconoce el escudo de España con el águila de San Juan, la corona imperial, el yugo y flechas, además de el lema: Una, Grande y Libre. En su manga derecha aparece el escudo de la policía territorial del Sáhara, sobre el que figura un camello blanco sobre una media luna. Como texto se lee: POLICIA TERRITORIAL/SÁHARA/P.M.M./AAIUN. Sobre el hombro se descubre hombrera de plástico negro extraíble, con una estrella plateada de cinco puntas, distintivo de subteniente, ancla con la cruz de malta, corona y botón con estrella y media luna.

Un saltador o cuerda de saltar, Pieza del Mes enero 2008

Desaparecida la calle como espacio de encuentro, las ciudades se han convertido en un lugar inadecuado para los niños, y los parques, a partir de cierta edad, resultan poco interesantes para jugar. Si a esto unimos la jornada escolar, las actividades extraescolares, lo reducido de las familias, y la invasión de los productos de ocio “de consumo”, lo que se dice jugar, hoy en día se juega poco. Antes de existir la práctica del deporte reglado, los niños realizaban un intenso ejercicio físico espontáneo en la calle simplemente jugando a los muchos y diferentes juegos de tradición popular. Éstos han sido un medio de desarrollo psicofísico y de socialización que ha proporcionado deleite a innumerables generaciones de niños, antes de que el coche ocupara las calles, y la televisión su tiempo. Muchos de esos juegos son colectivos, lo que los hace muy convenientes para los niños de ahora, y muy especialmente para quienes pasan horas jugando a los videojuegos. Así podemos recordar algunos como el escondite, el pañuelo, el rescate, el balón prisionero, la rayuela, la goma, la comba, etc.

A este último juego, la comba, dedica el Museo la pieza del mes de enero. Lo hace mostrando un saltador o cuerda de saltar, de cortas dimensiones, con empuñadura de madera en sus extremos.

Conocido popularmente por juego de la comba e incluso de la soga es practicado principalmente por niñas. El único material necesario es una cuerda gruesa y muchas ganas de saltar. Puede jugar una persona sola, haciendo girar la cuerda sobre su cabeza y por debajo de los pies, saltando cada vez que pasa por debajo de estos. También pueden saltar dos personas al mismo tiempo y con la misma cuerda. Para esta modalidad no se necesita una cuerda muy larga. Si el juego se hace en grupo, dos personas tienen que dar a la cuerda y el resto (un nº indeterminado) son los que saltan. Entran en el juego por un extremo, se sitúan en el centro de la cuerda y saltan para después salir del juego por el extremo contrario al que entraron. Y así se salta una y otra vez, por turnos, de uno en uno, ya que habiendo saltado la última persona de la fila, vuelve al juego la primera. Cuando alguna falla, cambia su sitio por una de las que dan movimiento a la soga. En el juego de la comba existen muchas variantes y es habitual saltar al ritmo de sencillas canciones populares como “Al pasar la barca”, “Un, dos, tres: Pluma, tintero y papel”, “Al pasar por Toledo”, “Al cocherito Leré”, etc.

Este juego ha existido durante siglos en todo el mundo. Sin embargo, no se sabe el origen exacto como juego popular. Existen referencias de que en la antigua China era uno de los deportes favoritos durante la fiesta de año nuevo. Hipócrates (460-377a. d.C.), padre de la medicina, recomendaba saltar a la cuerda como una práctica de agilidad. Se han encontrado descripciones muy detalladas en escritos antiguos provenientes de las civilizaciones fenicias, egipcias y chinas. Hay numerosas ilustraciones que demuestran el carácter universal del juego tradicional de saltar con una cuerda. Así podemos citar, como ejemplo, el cuadro “Saltando a la comba, la Granja” de Joaquín Sorolla.

Todos estamos familiarizados con el salto de la comba como un juego infantil, pero también es un ejercicio de adultos por lo que no es difícil entenderlo como un deporte. Este tipo de ejercicio es uno de los más comunes para el entrenamiento de boxeadores.

La comba ha estado ligada a los patios de los colegios, parques, calles, etc. Con la incorporación de las nuevas tecnologías, este juego, como muchos otros, está siendo sustituido por videojuegos, consolas, teléfonos móviles, etc. quedando relegados a un segundo plano. Con la pérdida de estas prácticas lúdicas no sólo se está perdiendo el juego en sí, sino también multitud de composiciones del cancionero popular y muchas expresiones pronunciadas únicamente en el marco del juego infantil.