Un abocardador o tenaza de abocardar, Pieza del Mes de diciembre 2019

Desde la antigüedad, el ser humano se ocupó de buscar soluciones para un mejoramiento de sus condiciones de vida. Todas las civilizaciones entendían la importancia que tenía el agua para poder asegurar la supervivencia de la especie. La vida cotidiana giraba en torno a ella.

Desde tiempos remotos y con unos medios técnicos claramente limitados el hombre ha sabido dar solución a los retos que le planteaba la gestión y administración del agua.

La fontanería, como sistematización del fluir del agua, surge como tal en la Grecia antigua, y adquiere una dimensión de expansión urbana y dirigida al bienestar general con la civilización romana. Es en la Roma antigua donde esta actividad tuvo un papel fundamental ante la necesidad de disponer de agua en abundancia para sus baños públicos. Los romanos incluyeron en la arquitectura las grandes obras de ingeniería civil. Construyeron acueductos de piedra para conducir este líquido hasta los palacios de los emperadores y a sus famosos baños, así como cloacas para desalojarla una vez usada.

Pero no fue hasta finales del s. XIX cuando surge la fontanería como se conoce hoy en día, adquiriendo gran auge con el uso de materiales como el hierro y el plomo, sustituidos por el cobre, de fácil manejo y bajo costo. A medida que crecían las poblaciones y se modernizaba el hombre, se convirtió en una exigencia, no solo de necesidad sino también de estética.

Los fontaneros empiezan a ser vitales en la construcción de hogares. Había que crear conducciones de agua, poner en marcha tratamientos de aguas residuales, diseñar retretes, etc. Requerían de unas herramientas básicas, como soplete, alicates, llaves, cortatubos, abocardador, entre otras. Esta última es la que mostramos este mes en el Museo.

También llamada tenaza de abocardar tiene como función ensanchar la entrada de los tubos de plomo para unirlos y soldarlos. Se compone de dos brazos de media caña y una cabeza cónica, que se introduce dentro del tubo. Al juntarse los brazos o mangos de la tenaza, se separa el cono en dos mitades haciendo que el tubo ensanche.

Con esta herramienta, donada por Manuel de la Granja Villoslada en 2003, queremos rendir homenaje al oficio de fontanero, aprovechando la festividad de su patrón, San Elías, el día 1 de diciembre.

 

 

 

Pieza del Mes de noviembre 2019: Violín Stroh o Violín Trompeta

Durante noviembre y en honor a los músicos, con motivo de la celebración de su patrona, Santa Cecilia, el Museo quiere mostrar como pieza del mes un violín muy curioso en cuyo armazón se reconoce una caja de resonancia.

Conocido con los nombres de violín trompeta o Stroh,  porque lo inventó a finales del s. XIX el ingeniero alemán John Matthias A. Stroh (1828-1914).

Es un tipo de violín que amplifica su sonido a través de un pabellón de metal (como en los instrumentos de viento), en lugar de hacerlo en una caja de resonancia como el que habitualmente conocemos. Las vibraciones de la cuerda se transmiten al puente, como en todos los violines, pero éstas no pasan a una caja de resonancia, sino a una delgada varilla de metal que a su vez las transmite a una membrana. Las ondas de la membrana son amplificadas por la trompa metálica, que actúa a modo de megáfono.

Apareció durante el inicio y crecimiento de la industria discográfica. Se notó la debilidad del violín normal en el departamento de sonido de los estudios de grabación. Con la invención de este tipo se pretendía adaptar este instrumento a las necesidades musicales del momento e intentar que sobreviviera más allá de 1900.

Era perfecto para las primeras grabaciones de discos porque emitía un sonido muy dirigido, que se podía registrar con más facilidad que con los violines de siempre. Era un sonido más completo y fuerte con un mejor tono. Sin los trabajos de Stroh con el violín, un amplio número de grabaciones de este instrumento no existirían y no sería tan escuchado.

A partir de 1925 este tipo de violín se hizo menos frecuente en los estudios de grabación debido a que las compañías discográficas cambiaron a la nueva tecnología de grabación con micrófono eléctrico.

Tras la muerte de Stroh, en 1914, su invento siguió fabricándose. Diferentes empresas tomaron la patente hasta que en los años 40 dejó de producirse.

Esta curiosa pieza fue donada al Museo por Francisco González Santana en 1991.

Pieza del Mes de octubre 2019: Cartera de Cartero

Las sociedades, a lo largo de la historia, han evolucionado a través del contacto entre sus miembros. En este proceso, el comercio y la comunicación han sido indispensables. Por ello, la transmisión de noticias es tan remota como su propia historia.

El primer documento de un servicio de mensajería organizado lo encontramos en Egipto en el 2400 a. C, cuando los faraones utilizaban mensajeros para enviar decretos por todos los territorios del Estado.

El servicio de correo y transporte estatal del Imperio Romano también llamado cursus publicus recorría Hispania a través de una cuidada red de caminos portando mensajes para el ejército o administradores romanos. A los romanos se debe, pues, la organización del correo en España.

En 1756, durante el reinado de Fernando VI, uno de los asesores de la Corte, Pedro Rodríguez Campomanes, tuvo la idea de crear un cuerpo de carteros, personaje que más se ha identificado con el servicio postal. Según Antonio Castillo Gómez, en su libro Cinco siglos de carta: historia y prácticas epistolares en las épocas moderna y contemporánea, “hasta entonces, en las ciudades y pueblos grandes la gente tenía que acercarse a las estafetas para entregar y recoger su correspondencia. La recogida de las cartas podía hacerse, bien, personándose a la hora de la llegada de los correos, que leían en voz alta el nombre de los destinatarios, o bien, teniendo que leer las largas listas, que se exhibían en la puerta de la estafeta, con los nombres de los particulares que aún no habían recogido sus cartas.

Con el tiempo y de forma espontánea, algunos individuos en Madrid se encargaron de recoger la correspondencia, previo pago del porteo, y la acercaban al domicilio de su destinatario, cobrando un pequeño estipendio por ello; desde entonces, la gente los empezó a conocer como carteros. Existían los pícaros que abusaban con precios más altos o secuestraban las cartas de unos para entregárselas a otros. Para evitar estos desmanes se creó el oficio de Cartero Mayor y se dictó, el 8 de octubre de 1756, las Ordenanzas, que deben guardar el Administrador, Escribientes, Carteros, y Mozo del oficio de Cartas-sobrantes de Listas de Madrid. Se dividió la ciudad en doce cuarteles o barrios, nombrándose a un cartero por cada barrio con la obligación de residir en él. Debían saber leer y escribir y su cometido era la entrega de cartas a los vecinos del cuartel a cambio del porteo y de un cuarto de real de vellón como pago por el servicio, ya que no cobraban de la hacienda pública”.

La profesión de cartero siempre irá unida al trato directo con las personas, donde además de entregar cartas, cuando el tiempo y las circunstancias lo permiten, pueden cambiar impresiones sobre cualquier otro tema.

Como homenaje a ellos y aprovechando el Día Mundial de Correos, el 9 de octubre, el Museo ha querido exponer una cartera o saca de cuero donada por la oficina de correos de Olivenza. Es de gran tamaño y peso, con correa bandolera y dos cierres con hebilla. En el interior dos grandes compartimentos y en el frontal la palabra CORREOS, con la inicial H debajo, incisas.

Pieza del Mes septiembre 2019: Globo Terráqueo

La idea de representar la Tierra y los astros en forma esférica nace en Grecia, de la mano de Pitágoras.

Fue Crates de Malo, cartógrafo, quien construye, con fines educativos, en la segunda mitad del siglo II a. Cristo, una esfera terrestre que dividía el planeta en cuatro regiones habitables. Posteriormente, Ptolomeo plantea el uso de coordenadas esféricas para determinar la posición espacial de un punto.

Durante la Edad Media, la cosmología y saber de las civilizaciones antiguas se ven estancadas por imposición del Teocentrismo cristiano. En este período, astrónomos y matemáticos árabes, persas, chinos e hindúes conservan y desarrollan las teorías de los antiguos griegos.

El comerciante, astrónomo y geógrafo alemán, Martín Behaim (1459-1507), dio vida a la primera esfera terráquea, que se conserva, entre 1491-1493, conocida como Erdapfel, en la que no aparece América.

Tradicionalmente los globos fueron fabricados pegando un mapa de papel impreso sobre una esfera. Es el caso del que nos ocupa, cuya bola es de plástico, soportada por dos piezas de madera ensambladas: peana y semicírculo. El tipo más común tiene tiras largas, a modo de gajos, que se estrechan en un punto de los polos. En él se observa la línea imaginaria resultante del Tratado de Tordesillas, firmado el 7 de junio de 1494, entre los reyes de Castilla y Portugal, por el que se establecía que todo lo existente a 370 leguas de la isla de Cabo Verde, hacia Oriente,  correspondería a Portugal, mientras que la zona Occidental sería para Castilla. De esta esfera destacamos, además, las representaciones de animales, plantas, peces, edificios…, típicos de cada lugar. Una gran cartela, escrita en latín, ocupa el espacio de Australia; en ella se lee: “Aquí la visión del orbe de la Tierra que poseemos para perdurar. Si el insigne Cristóbal Colón no hubiese llegado al Nuevo Mundo; si los insignes Cortés, Pizarro, Vespucio y Almagro, preclaros exploradores, no hubieran afrontado los peligros y, especialmente, si Sebastián Elcano, transmisor de trabajos a Magallanes, no alcanzara a llevar en su gentil escudo esta noble frase: El primero en darme la vuelta con el permiso de nuestro rey, señor del amplio imperio ecuménico”.

Esta pieza fue donada al Museo por la Congregación del Apostolado del Sagrado Corazón que estuvo en Olivenza.

Pieza del Mes de agosto 2019: Jarra de Bristol

En el Sudoeste de Inglaterra se localiza la ciudad de Bristol, que constituye uno de sus 47 condados. Su prosperidad está ligada a su puerto comercial.

En el siglo XVIII, en Gran Bretaña, la cerámica sustituyó al metal en la producción de vajillas por dos razones: la primera,  la escasez de plomo y estaño; la segunda, el aumento del consumo de té y café en el país.  Sobresalieron las fábricas de Bristol, Chelsea y Liverpool.

La loza de Bristol se caracteriza por su ligereza, realizada con pastas de pedernal o feldespáticas, siendo decorada con estampaciones. Su producción se realiza con moldes. La decoración se basa en estampaciones grabadas con tintas cerámicas aplicadas antes de la primera cocción, que luego se recubrían de esmaltes metalizados cobrizos. El óxido de cinc reduce la propensión a resquebrajarse y facilita la cristalización.

En Bristol se creó la Real Fábrica de Loza, que sirvió de inspiración a la que más tarde se constituyó en Sargadelos (Lugo).

En 1996 la Delegación de la Agencia Tributaria, en Badajoz, entregó al Museo Etnográfico de Olivenza, un total de 12 piezas, 10 jarras, 1 copa y 1 cafetera, que decomisó en la frontera de Caya. De ellas, como muestra, se expone esta jarra, de boca oblonga y pico vertedor elevado; cuerpo globular y cuello ancho. Opuesta al pico vertedor, asa sobreelevada, del borde a la panza,  que adopta la forma de cisne. La decoración que presenta su cuerpo, recubierto de vidriado dorado o de reflejos, es pictórica a base de motivos vegetales azules, blancos y amarillos.

El Noticiero Extremeño (1914), Pieza del Mes de julio 2019

El desarrollo que adquirió la prensa española, a lo largo del siglo XIX, tuvo su eco en Extremadura. Así, en 1808, aparece el Diario de Badajoz, el primer periódico regional del que se tienen noticias.

Hasta finales del siglo XIX, “pasan de 340 los que se contabilizan, aunque la mayoría son de vida efímera” (1). Una de las razones de ello fue el impago de la publicidad, junto al elevado precio del papel.

En nuestra localidad, Olivenza, en el siglo XIX, se constatan los siguientes: El Guadiana (1845), El estandarte médico (1855), El recreo (1879), El oliventino (1882), El viento (1889), El arte (1894), El popular (1899), Memorial militar y patriótico, El pasatiempo. 

Noticiero extremeño es el periódico que mostramos como pieza del mes. Fundado por el abogado Manuel Sánchez Asensio, lo dirige su hijo Manuel Sánchez Cuesta. En su primer número, de 25 de marzo de 1904, se establecen sus objetivos: informar y defender los intereses de la región, así como lograr la mayor amenidad posible en cuantos asuntos se traten.

Noticia de Olivenza

El ejemplar que se exhibe fue publicado en Badajoz, el 19 de noviembre de 1914. En 4 ó 6 hojas, de 56×39 cms, recoge noticias nacionales e internacionales,  así como regionales. En este número destacamos la titulada De Olivenza. Industria aceitera, firmada por Plácido Galván, donde se da a conocer nuestra localidad como importante centro productor de aceite, con más de veinte molinos, entre los que destaca el de la familia Gómez González. En él se reconoce uno de los principales obstáculos para dar salida a este producto: la ausencia de una vía férrea.

Fue donado al Museo por Narciso Fernández Sierra en 2009.

NOTAS

PULIDO, M.: La prensa extremeña en el tránsito del siglo XIX al XX.E.E. LIV (1998). Badajoz, p. 733.

Acus crinalis, Pieza del Mes de junio 2019

Las mujeres romanas acomodadas pasaban parte de su tiempo intentando mejorar su imagen con un buen cuidado de su cabello. De esto se ocupaban las ornatrices o sirvientas especializadas en el cuidado de la belleza. Con su trabajo conseguían que las señoras se  vanagloriasen de una belleza más artificial que natural.

El pelo se lavaba con agua caliente y después se le aplicaban ungüentos para perfumarlos y darles brillo. Se cortaba lo necesario para poder llevarlo recogido. Llevar el pelo corto era signo de provocación e indecencia, mientras que suelto suponía abandono y descuido.

Las damas romanas también solían teñirse  el pelo. Deseaban imitar a las esclavas apresadas en las guerras contra los germanos. También se lo rizaban, cubriendo la cabeza con tirabuzones mediante un instrumento llamado calmistrum, formado por dos tubos, uno hueco de metal, que se calentaba al fuego, y otro de menor tamaño en el que se enrollaba el pelo y se introducía en el tubo caliente.

Para fijar el peinado se aplicaba clara de huevo batida o goma arábiga con agua.

La mujer con cierta posición económica aumentaba el volumen de su cabellera con postizos o pelucas, ya que el pelo natural era insuficiente para hacer esos voluminosos peinados. También se utilizaban para tapar canas y calvicie.

Los complejos peinados con rizos, trenzas y postizos precisaban de numerosos alfileres llamados acus crinalis  o agujas para el pelo. Solían realizarse  con hueso, asta, bronce o marfil. A veces podían dejarse huecas para introducir perfume. Todas las acus crinalis presentaban un esquema similar compuesto por una cabeza muy bien definida, y el cuerpo alargado con extremo más o menos puntiagudo. Su diferenciación radica en la forma o decoración de la cabeza: lisa, esférica o tallada en facetas, y las decoradas tanto con temas geométricos como figurados (serpientes, piñas,..).

Aparte del uso para sujetar el cabello, también tuvieron otras utilidades como aplicar cosméticos sobre el rostro, maquillar las cejas con hollín humedecido, aplicar perfume, sujetar vestidos, etc.

Según la literatura clásica este utensilio también se usó como arma punzante o de tortura  para castigar esclavos.

El Museo expone este mes, un acus crinalis ubicado habitualmente en la Sala de Arqueología. Es de hueso con la cabeza en forma de esfera y cuerpo de sección circular con un ligero engrosamiento en el centro. Pertenece a las piezas halladas en unas antiguas termas romanas, próximas a San Francisco de Olivenza, donadas al Museo por Margarita Navarrete en los años 80.

Una tarjeta de fumador, Pieza del Mes de mayo 2019

El pasado año, durante el mes de mayo, exhibimos como pieza del mes una cartilla de racionamiento de 1952, elemento característico de la posguerra en España cuya finalidad era controlar los bienes escasos para asegurar el abastecimiento.

Igual que existieron estas cartillas de racionamiento, el 1 de octubre de 1940 se comenzaron a distribuir en los Ayuntamientos las tarjetas de fumadores.

Para acceder a ellas había que presentar:

1.- Partida de nacimiento, pues sólo se repartía entre mayores de edad.

2.- Declaración jurada que acreditase que se era fumador.

3.- Certificado de buena conducta, emitido normalmente por el párroco.

4.- Ser hombre. La mujer no podía fumar.

5.- Presentación de cédula personal.

6.- Presentar cartilla de racionamiento alimenticia.

La tarjeta de fumador daba derecho a adquirir en las Expendedurías, la cantidad de tabaco proporcional a cada saca durante los tres primeros días. Se podía escoger entre dos paquetes de picadura entrefina de 25 gramos o dos cajetillas de veinte cigarrillos. Dicha cantidad se anunciaba oportunamente y antes de comenzar la expedición de cada saca.

Hubo sus trampas, pues algunos no fumadores, a quienes se falsificó la declaración jurada, utilizaban su ración para revenderla o dársela a un familiar fumador.

El control y reparto estaba a cargo de Tabacalera S.A. compañía del Estado que tenía el monopolio del tabaco en España. Su utilización fue necesaria hasta el año 1953.

La que muestra el Museo fue donada por José Luis Nicolás Antúnez. El titular fue Manuel Antúnez Gutiérrez, nacido el 11 de diciembre de 1896, de profesión Industrial, domiciliado en C/ Calvo Sotelo 2P (actual calle Santo Domingo) de Badajoz. Tarjeta de abastecimiento nº 63516. Serie BA. Categoría 2ª.

Aún conserva en la parte inferior cinco cupones con el nº de la tarjeta (532214) que se canjeaban en el estanco, previo pago de su importe y posterior sellado en el reverso como justificación de la venta.

Una Carta de Visita (Carte de Visite 1860-70), Pieza del Mes de abril 2019

El invento de la fotografía en las primeras décadas del s. XIX supuso uno de los adelantos técnicos más importantes de la historia; por primera vez nuestra realidad podía ser registrada tal cual era, paralizada para siempre en un instante que lograba traspasar la barrera del tiempo.

Muchos contribuyeron a su perfeccionamiento, pero fue Louis Daguerre quien revolucionó para siempre la industria logrando una placa en positivo única gracias a la evaporación del mercurio, consiguiendo una imagen revelada. Nace el daguerrotipo, en Francia, en 1839.

Hasta el nacimiento de este, el retrato pintado era la única forma de representación, y por su alto valor, era considerado un bien escaso y de lujo.

A pesar de la popularidad que alcanzó este invento en la década de 1840, el alto costo de producción y la imposibilidad de producir copias de la imagen, transformó al daguerrotipo en un objeto al que muy pocos podían acceder.

Se experimentó con nuevos procedimientos, que buscaban sobretodo acercar ese arte a la gente.

Hoy en día, cambiar nuestra foto de perfil o hacer un selfie para compartirlo con todos nuestros amigos, es algo muy cotidiano. Sin embargo, para la mayoría de las personas del s. XIX tener un retrato propio era extraño, por considerarlo un objeto prohibitivo al que pocos podían acceder.

Esto fue así hasta que en 1854 el francés André Adolphe Disdéri patentó un nuevo método fotográfico que permitió masificar y popularizar el arte del retrato dando origen a la famosa carta de visita (carte de visite). Con una cámara poco convencional con 4 objetivos conseguía obtener, en una misma toma, hasta ocho fotografías pequeñas en vez de una de gran formato. A partir del negativo generado, se podían hacer infinidad de copias en papel albúmina y a mitad de precio. Gracias al retrato de Napoleón III realizado por Disdéri, la carta de visita se convirtió en el objeto más codiciado de Francia y después de toda Europa, consiguiendo su autor un éxito sin precedentes que le hace rico y famoso. Se trataba de una pequeña fotografía rectangular vertical, (5,5cm de ancho por 9 de alto), pegada sobre un soporte de cartulina algo mayor en el que figuran impresos en la parte inferior o en el dorso algunos datos del fotógrafo autor de la imagen. Su nombre deriva del hecho de que su tamaño era similar al de una tarjeta de visita, aunque raramente se utilizaran con esa finalidad.

El Museo presenta este mes un modelo de carta de visita de 1860-1870, en color sepia, en la que figura una mujer de pie vestida con traje largo, abotonado en el delantero y con miriñaque debajo. Porta en su mano derecha un abanico y apoya la izquierda sobre el respaldo de una silla torneada.

Por regla general, la elección del vestuario en estas fotografías nunca es casual. El fotografiado o fotografiada posará con sus mejores galas o con aquellas que mejor representan su función social.

El escenario suele tener un telón de fondo, a veces liso, a veces pintado con paisajes. El suelo podía simular empedrado, hierba o cubierto con una alfombra. Se completaba con objetos que evidenciaban la profesión del fotografiado o su naturaleza moral, valiéndose además de plintos, telones de fondo, cortinajes, muebles de la época, etc.

En el reverso de la carta de visita que exponemos aparece impreso el nombre del fotógrafo en color verde. Se trata de E.B. sucesor de J. Martínez Sánchez, Puerta del Sol, nº 4, Madrid.

José Martínez Sánchez (1807-1874), natural de Bicorp (Valencia), tenía dos gabinetes fotográficos, uno en Madrid y otro en Valencia. Considerado por los historiadores de la fotografía uno de los primeros maestros españoles y uno de los más sobresalientes fotógrafos de obras públicas del s. XIX, debido al reportaje de estas edificaciones que realizó por toda España junto a su socio J. Laurent para la Exposición Universal de Paris en 1867. También destaca por ser el primer fotógrafo, junto con Antonio Cosmes, en realizar un reportaje oficial de un viaje de la reina Isabel II a Valencia en 1858. Tomó parte en la investigación y divulgación de las técnicas fotográficas con el descubrimiento, junto a Laurent, del procedimiento leptográfico, en 1866. Se trata de la utilización de un papel fotográfico que se vendía ya sensibilizado.

Martínez Sánchez deja Madrid en 1870 para instalarse definitivamente en Valencia, donde muere en 1874. El estudio queda a cargo de su sobrino Eduardo Blasco, entre 1869 y 1900.

Las tarjetas de visita fueron populares hasta 1900 cuando Kodak introdujo la cámara Brownie y las instantáneas fotográficas se volvieron un fenómeno de masas.

Un arenero o salvadera, Pieza del Mes de marzo 2019

Es imposible hablar de la historia de la escritura sin hacer referencia a la importancia de los soportes en los que se plasma y de los útiles para ejecutarla. Estos han sido muy variados a lo largo de los tiempos.

En algunos casos, el material de escritura dejaba espesos trazos de tinta que exigía mucho tiempo de secado.

Antes de la aparición del papel secante y desde mediados del s. XVI, se usaba la salvadera para solventar este inconveniente.

El Museo muestra durante el mes de marzo un ejemplar de este antaño popular utensilio de escritorio. Se trata de un pequeño recipiente, parecido a un salero, que esparcía arena o polvos secantes sobre un manuscrito con objeto de acelerar el secado de la tinta. Es de cristal, de planta cuadrada y tapa metálica con agujeros; ésta es cóncava para que fuera más fácil volver a poner la arena dentro del recipiente.

El arenero podía ser de diferentes formas (cuadrado, hexagonal, cilíndricos, etc.) y materiales (loza, vidrio, plata, etc.). Necesariamente estaba incluido en los utensilios para escribir, al igual que el tintero, la pluma y el cuchillo abrecartas.

La palabra salvadera es un derivativo de la voz castellana salvado. Se le da este nombre al recipiente porque antiguamente en lugar de polvos se usaba salvado, es decir, cáscara del grano de los cereales desmenuzada por la molienda, con la finalidad de enjugar los escritos.

También se le llama arenero por ser la arena uno de los materiales que contenía.

La pieza que exponemos fue donada al Museo por su fundador y primer director D. Francisco González Santana.