Pieza del Mes de abril 2021: Himno a San Jorge (Guión musical de 1943)

En septiembre de 2020, D. Manuel Ferrera Méndez, descendiente de D. Domingo Méndez Gómez, donaba a nuestro Museo una valiosa documentación manuscrita, entre la que se hallaba este guión musical titulado Himno a San Jorge, con letra de Teófilo Borrallo Gil y música de su antepasado, firmado en Olivenza, el 23 de abril de 1943.

Por razones desconocidas, este himno nunca cobró vida, cosa que sí sucedió con el que compuso el presbítero D. Pedro Pereira Domínguez, en la década de los años cuarenta del siglo pasado. Este sacerdote, compone el himno a San Cristóbal, de la localidad de Nogales, que prácticamente adapta para el patrón de la aldea de San Jorge de Alor.

Domingo Méndez Gómez

Domingo Méndez Gómez fue persona destacada en la Olivenza de la primera mitad del siglo XX. Nombrado organista de la iglesia de Santa María Magdalena, el 9 de marzo de 1895, sustituyendo a D. Francisco Espadiña, ocuparía este cargo hasta el 31 de diciembre de 1940. Además, dirigió el Orfeón Oliventino, la Coral de Nuestro Señor Jesús de los Pasos, el Coro de Voces Blancas o la Compañía Lírica Oliventina. Profesor e instrumentista, su experiencia le valió para formar parte de la Junta de Patronato del Colegio de 2ª Enseñanza, en el curso 1919-1920. Casado con Carmen Núñez Núñez, natural de San Jorge de Alor, puede que esta fuese una de las razones que le llevó a colaborar en este guión musical.

Himno a San Jorge

 

El guión, con música para dos violines, flauta, saxofón y contrabajo, presenta letra para dos voces donde se exalta el fervor del pueblo hacia su Santo patrón, en un día de suma alegría y devoción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gemelos, Pieza del Mes de marzo 2021

Según el diccionario de la lengua española, gemelo es un “pasador formado por dos piezas unidas por un pequeño vástago o por una cadenita y que se usa para cerrar el puño de la camisa”.

Durante muchos siglos los gemelos han sido una joya fundamental en la moda masculina. Además, se han considerado un símbolo del estilo formal, como las corbatas y las pajaritas.

El Museo, este mes, expone un par de gemelos del tipo de eslabón de cadena. Se compone de una cara frontal con base cuadrada y borde ondulado, que abraza a una pieza blanca troncopiramidal, rematada en el vértice por decoración labrada, de estilo damasquinado; una pequeña cadena o pasador de seis eslabones une esta pieza principal con otra oval o perno, con decoración igualmente labrada, en negro, dorado y blanco.

Los gemelos, como complemento de nuestra vestimenta, hacen su aparición en el siglo XVIII. En el siglo anterior, las cintas de seda fueron sus predecesoras. Se pusieron de moda en forma de moños en los puños de las camisas, pasando por los dos ojales, ajustándolos y ornamentándolos con extravagantes lazadas.

Posteriormente, evolucionaron dando paso al llamado botón de manga, que se unían con cadenillas que pasaban por los ojales. Estos botones de mangas se hicieron populares en la corte de Luis XIV donde se competía en tamaño y originalidad, usando para su elaboración todo tipo de metales y piedras preciosas.

Su apogeo llegó durante el siglo XIX, en el que se consideró un complemento imprescindible dentro de los caballeros de la clase burguesa.

Después de la Revolución Industrial y gracias a la fabricación en cadena y el empleo de otro tipo de materiales más económicos, se popularizó el uso de los gemelos a todas las clases sociales. Dejan de llamarse botones de camisa para pasar a denominarse oficialmente gemelos.

Durante el siglo XX han sido muchos los diseñadores que han querido, de nuevo, ponerlos de moda. Hoy en día se consideran un accesorio obligatorio de protocolo para acontecimientos sumamente importantes y elegantes.

Fueron donados por Teresa Plaza Núñez en 2020.

Pieza del Mes febrero 2021: Máscara o inhalador Esmarch

La enfermedad y el dolor han acompañado siempre al hombre. El control de este último ha sido un objetivo constante en la historia de la humanidad. A medida que avanzaba el conocimiento iban apareciendo un número creciente de procedimientos quirúrgicos para corregir un mayor número de padecimientos, pero el dolor que experimentaba el enfermo suponía una barrera, a veces, difícil de superar.

Además, la asepsia, la esterilización de materiales, la higiene imprescindible para evitar la infección de las heridas, era desconocida aún en 1843. Gran parte de las muertes, después de una operación, se debían a las infecciones causadas por los médicos o por la suciedad en las salas de operaciones.

A lo largo de los siglos, para mitigar el dolor, se utilizaba, principalmente, narcóticos vegetales como la adormidera, la mandrágora y el cannabis, en algunas ocasiones mezclados con alcohol.

El escritor y doctor Oliver Wendell Holmes fue el que introdujo por primera vez en nuestro vocabulario la palabra anestesia, que procede del griego “an aisthesis” y se define como la privación total o parcial de la sensibilidad producida por causas patológicas o provocada con finalidad médica.

Para muchos cirujanos del siglo XIX, el dolor y el sufrimiento del paciente eran algo tan natural que ni siquiera pensaban que fuera posible combatirlo. La casualidad y una mente despierta se aliaron para hallar la solución. El dolor comenzó a vencerse a mediados del siglo XIX con el uso de anestésicos mediante inhalación como el éter, óxido nítrico y cloroformo.

Horace Wells

El joven dentista Horace Wells (1815-1848), del Estado de Virginia, acude el 10 de diciembre de 1844 a una exhibición de los fenómenos producidos por la inhalación de óxido de nitrógeno, vulgarmente conocido como “gas hilarante” o “gas de la risa”. Él mismo, junto a otros ciudadanos, participa de la experiencia riendo y bailando bajo los efectos del gas hasta que pasa el efecto. Después de ello, nadie de los que acudió a tal espectáculo, excepto Wells, se dio cuenta de que uno de los participantes, que se había golpeado fuertemente la tibia con un bando, carecía de dolor alguno y ni siquiera se dio cuenta de que estaba herido. Wells, viendo esto, comentó a uno de sus amigos “creo que si a un hombre se le da a respirar este gas se le podrá extraer una muela o amputar una pierna sin que le duela”. Era el primer paso que llevaría hacia la victoria de la medicina sobre el dolor.

En los años posteriores, se suceden numerosos ensayos con el gas, así como múltiples disputas por conseguir riqueza y fama entre varios personajes de la época por apropiarse de un descubrimiento que no les pertenecía.

En relación con este tema el Museo quiere mostrar una mascarilla metálica utilizada para aplicar cloroformo o éter. Antes del uso generalizado de estas mascarillas, los médicos vertían el producto en un paño o pañuelo y lo colocaban en la nariz y boca del paciente. Posteriormente la mascarilla de alambre se cubría con una gasa o tela de algodón sobre la que se goteaba el anestésico líquido volátil.

Johannes Friedrich August von Esmarch

La que mostramos, también llamada mascarilla o inhalador Esmarch por el cirujano alemán Friedrich Von Esmarch (1823-1908,) se introdujo en 1877. Sobre un paño, que no conserva y que se extendía sobre el alambre proporcionando una gran superficie de evaporación, se dejaba caer el cloroformo o éter. Se podía añadir más cantidad a medida que se evaporaba. El marco evita que el paño empapado toque la cara del paciente, evitando irritaciones en la piel. Solía presentarse en un pequeño estuche de cuero, junto a un frasco de cloroformo, gasa y una tijera. Fue diseñado para su uso en el campo de batalla. También fue popular para uso civil en todo el mundo hasta la década de 1950. Las posteriores fueron modificaciones de la Esmarch.

Esta pieza fue donada en 2004 por Rafaela Sánchez-Vizcaíno Román, de Badajoz.

Pieza del Mes enero 2021: Baraja de cartas iberoamericana

Los juegos de cartas siempre han sido una excusa perfecta para reunir a familiares y amigos. Ya sea un día de campo al aire libre o en vacaciones, las cartas son, y seguirán siendo, parte de los clásicos juegos de mesa que todos tenemos en mente cuando gozamos de tiempo libre.

El origen de los juegos de cartas aún no ha sido establecido con precisión, a pesar de los grandes esfuerzos de los investigadores. Determinar la forma y el momento histórico que definen el origen de los naipes se ha revelado como una tarea muy compleja.

En Europa los primeros testimonios de naipes son de finales del s. XIV. A lo largo del siglo XV se extendieron con una enorme celeridad y, sorprendentemente, es posible conocer esta expansión no por los mismos naipes, sino por las numerosas prohibiciones de que fueron objeto los juegos de cartas en todo el continente.

El Museo cuenta entre sus fondos con una baraja o Naipe Histórico Ibero Americano que exponemos durante el mes de enero como Pieza del mes. Se compone de 40 cartas con los cuatro grupos de “palos”, otra indicando el tipo de baraja y su fabricante y un pequeño folleto donde se describe cada carta. Todo guardado en una caja de cartón en la que figura, labrado en dorado, una carabela, el nombre de la baraja y el del fabricante.

Félix Alfaro en su despacho.

Dibujada por L. Palao, esta baraja fue editada en España por Fournier con motivo de las exposiciones de Sevilla y Barcelona en 1929. Naipes de Heraclio Fournier S.A. es una empresa dedicada a la fabricación de naipes, con sede en Vitoria (Álava). Félix Alfaro Fournier, nieto del fundador, es el que le sustituye, a su muerte, y se pone al frente del negocio. Él fue el encargado de editar la baraja iberoamericana que presentamos. Actualmente es propiedad de la United States Playing Card Company.

Los palos de oros, copas y espadas representan las tres grandes monarquías de Fernando el Católico, Carlos I y Felipe II, durante las cuales tuvieron lugar el descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo.

El palo de bastos reproduce los caudillos, símbolos, fauna y flora de las razas indígenas, en dicha época.

Reverso de la baraja

El reverso de la baraja representa el Escudo de España durante el reinado de Carlos I. Está rodeado por el Toisón de Oro que trajo a España y que ya ostentaba su abuelo el Emperador Maximiliano y las columnas de Hércules con el “Plus Ultra”, emblema de su reinado. En la orla exterior, el escudo de Portugal y los veintidós escudos de las Repúblicas Americanas. En los ángulos, los de Castilla, Aragón, León y Navarra.

Esta pieza fue donada al Museo por Francisco González Santana en 2011.

 

Pieza del Mes diciembre 2020: Santa Bárbara

El 4 de diciembre se celebra la onomástica de Santa Bárbara, quien nace en Nicomedia, cerca del mar de Mármara, puente entre los mares Egeo y Negro. Hija de un gobernador de provincia, fue encerrada en una torre, no como una pena carcelaria, pues se dotó su interior de comodidades, sino para evitar que se casase joven, así como protegerla de la fe cristiana. No obstante, los profesores que tuvo durante su encierro le permitieron abrazar dicha fe.

Tras declararse cristiana ante su padre, se opuso al matrimonio que él le proponía. Aunque Bárbara huyó, fue capturada, martirizada y posteriormente decapitada por su progenitor, en la cima de una montaña, siendo éste fulminado por un rayo tras realizar dicho acto.

La talla que se expone como pieza del mes y que se ubica en la sala de Arte Sacro, propia del siglo XVIII, se veneraba, en Olivenza, en el convento de San Francisco, concretamente en la capilla de la Orden Tercera, donde se encuentra la sepultura de María de la Cruz y donde, tras una hornacina, se podía contemplar a la Virgen de la Buena Muerte sobre la que surgió una curiosa leyenda.

Está trabajada en madera recubierta de yeso y policromada. Nos presenta a una Santa Bárbara joven, quien en su mano derecha porta la palma del martirio y en la izquierda, una torre de dos pisos; como elemento curioso de dicha torre, digamos que no se aprecia, en ninguno de sus pisos tres ventanas, que vienen a simbolizar la Santísima Trinidad. Presenta falda roja con pliegues, que muchos autores identifican con la sangre de Cristo; túnica al viento decorada con motivos florales. Sobre su pecho se descubre un medallón recogido por cadena.

Esta pieza pertenece al Arzobispado Mérida-Badajoz y se encuentra en depósito.

Un Ídolo placa Pieza del Mes noviembre 2020

En la sala de Arqueología de nuestro Museo se pueden observar tres ídolos placa extraídos del núcleo megalítico enclavado en las fincas Monte Nuevo y Doña María. En la primera de estas fincas se localizan dos dólmenes, totalmente destruidos, relacionados con los llamados Tholos de Comenda y Farisoa, en el concejo de Reguengos de Monsaraz.

Son tumbas correspondientes a etapas del Neolítico avanzado y primera Edad del Cobre, construidas por treinta o más losas, excavadas por doña Margarita Navarrete, quien dona un elevado número de piezas al Museo de Olivenza: hojas de sílex, hachas pulimentadas, cuentas de calaíta, puntas de flecha y los ídolos.

Destacamos uno de ellos, que se presenta tallado en pizarra, de forma trapezoidal, con ambas caras pulimentadas y decoración, solo en una, a base de líneas horizontales que alternan con bandas lisas y reticuladas; otras veces se ornamentan con espinas de pez, alternando con las bandas mencionadas.  

En su parte superior, se descubre un orificio por donde se introducía una guita para llevarla colgada al cuello. As placas de xisto gravadas destinavam-se a ser colocadas ao peito dos mortos (1).  Algunos historiadores lo asocian a la existencia de un primitivo culto a una diosa-madre, relacionada con la fertilidad de la tierra, aunque no se descubran rasgos femeninos, y protectora de los muertos (2).

En los últimos años ha surgido una nueva teoría que niega las connotaciones religiosas; estos ídolos serían como escudos heráldicos en los que se simbolizan la pertenencia a un linaje; las bandas horizontales harían referencia al número de generaciones que separan al poseedor de la placa de su primer antepasado.

(1) GONÇALVES, VICTOR S. As deusas da noite: o projecto “Placa Nostra” e as placas de xisto gravadas da região de Évora. dialnet.unirioja.es>servlet>articulo.

(2) ENRIQUEZ NAVASCUÉS, JJ. Los objetos prehistóricos del Museo de Olivenza.  En Olivenza Antología Esencial.  Badajoz, 1994, p. 60.   

Museo Etnográfico. Extremeño."González Santana". Olivenza.Pieza del Mes. Placa de centro escolar

Pieza del Mes octubre 2020: placa de centro escolar

En 2019 fue donada al Museo la placa que se expone como pieza del mes, hallada mientras se realizaban las reparaciones oportunas en el antiguo edificio que albergó las escuelas del Ave María, en la actualidad Centro de Salud. Tiene unas dimensiones de 56cm x 46cm.

En ella se reconoce el escudo real usado durante el reinado de Alfonso XII; se trata de un blasón cuartelado, rematado por corona con ocho florones, de los que son visibles cinco, acabada en orbe y cruz que faltan. Todo él se rodea del collar de la orden del Toisón de Oro. En los cuarteles se distingue un castillo con tres almenas, símbolo del reino de Castilla, un león rampante coronado, alusivo a la corona de León, las barras verticales, referidas a Aragón, cadena puesta en orla, en cruz y en aspa, que personalizan a Navarra. En el centro del blasón, tres flores de lis, representando a la monarquía Borbón-Anjou, mientras que en la parte inferior, se reconoce el emblema de Granada. Rodeando al escudo, en la parte superior, se lee,  DIRECCIÓN GRAL DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA; en el resto, ilegible, debería aparecer: ESCUELA PÚBLICA ELEMENTAL DE NIÑOS.

Dicha Dirección fue creada por la Ley Moyano (1857). Esta norma consta de 4 secciones; en la cuarta se habla del gobierno y administración de la instrucción pública, estableciéndose tres niveles de administración educativa, central, provincial y local, dependientes de la Dirección General de Instrucción Pública, texto que aparece en esta chapa que se expone.

Desconocemos la fecha en la que se puede datar esta pieza, pero se debe suponer que es anterior a 1900. Digamos que fue hallada mientras se adaptaban los locales del Ave María para centro de salud.

Bien es cierto que las primitivas Escuelas del Ave María, de nuestra localidad, fueron proyectadas por el arquitecto Donato Hernández, en 1926, y terminadas en marzo de 1930, lo que nos permite pensar que este emblema estuvo ubicado, con anterioridad, en otro edificio.

Esta pieza fue donada por José Luis Becerra Fernández en 2019.

 

Pieza del Mes septiembre 2020: afeitadora años 40

Desde siempre, el hombre ha empleado toda clase de medios para lograr una barba arreglada. Quitarse el pelo de la misma parece haber sido un deseo desde los más remotos orígenes, y los arqueólogos han encontrado pinturas rupestres que representan a hombres con y sin barba. Además, en muchos yacimientos se han encontrado conchas marinas y pedernales afilados que fueron las primeras cuchillas de afeitar.

Para los egipcios una cara bien afeitada era símbolo de categoría social, de hecho en las tumbas se han encontrado utensilios destinados a este fin. En Roma existían esclavos especializados en depilar. Los griegos encontraron en un cuerpo liso y sin pelo un ejemplo de belleza, juventud e inocencia.

La navaja recta fue el instrumento de afeitado durante siglos. Irritaba mucho la piel y provocaba muchos cortes. En el siglo XVIII y primera mitad del XIX se sucedieron una serie de navajas con protección de seguridad.

La primera y verdadera máquina de afeitar la inventaron los hermanos Kampfe en 1888. Protegía la cuchilla del contacto excesivo con la piel. Eran afeitadoras grandes y pesadas, y costaban tanto que cuando la cuchilla perdía el filo, no se tiraba, sino que se afilaba.

King Camp Gillette (1855-1932)

King Camp Gillette (1855-1932), empresario estadounidense, mejoró los diseños anteriores inventando, en 1895, la maquinilla de afeitar de cuchilla mucho más delgada y desechable, motivado por el empresario e inventor William Painter, quien le ofreció un sabio consejo: “fabrica algo que se use y se tire, y los clientes siempre tendrán que volver por más”. Esa cuchilla, que le costó 6 años crear, era de acero, afilada por ambos lados, se usaba varias veces antes de perder su filo y, después, se desechaba. También trabajó en la maquinilla en la que se insertaría dicha cuchilla. El diseño incluía varias piezas que formaban un cabezal y un mango para poder cogerla y sujetarla.

Al principio, los hombres eran reticentes al nuevo invento del señor Gillette, vendiendo, el primer año (1903), tan solo 50 maquinillas, pero, poco a poco, fue introduciéndose en casi todos los hogares, llegando a vender en pocos años varios millones de unidades.

La Primera Guerra Mundial sirvió para lanzar definitivamente su invento, debido a que el gobierno de Estados Unidos adquirió para sus soldados en el frente 3,5 millones de maquinillas y más de 32 millones de cuchillas.

La gran depresión de 1929 se llevó su imperio económico a la quiebra. El inventor murió frustrado en 1932. Su nombre, sin embargo, quedó, hasta convertirse casi en sinónimo de la hoy imprescindible afeitadora.

El Museo este mes quiere mostrar una sencilla máquina de afeitar de hojas desechables de los años 40, de la marca Mezquita. Se presenta desmontada en un pequeño estuche de metal cromado y se acompaña de una cajita rectangular donde se guardaban las cuchillas, que no conserva.

Fue donada al Museo por Francisco González Santana en 2011.

«Guitarra Abierta», de Pepe Yagües, Pieza del Mes agosto 2020

Aguafuerte «Agua de lunas»

Durante el mes de agosto 2020, el Museo quiere mostrar, como pieza de mes, esta obra titulada GUITARRA ABIERTA,  realizada por Pepe Yagües. Esta pieza es un homenaje que el artista rinde, en 1999, a la creación literaria de Federico García Lorca. Por tal motivo, dio forma a 65 guitarras, la que se admira es la número 46, que se presenta en una cubierta de madera, cobre y hierro. En su interior se encuentra un libro con 17 poemas de Lorca, ilustrados con sendos aguafuertes y aguatintas.

Pepe Yagües en su estudio

Pepe Yagües nace en 1968 en Molina de Segura (Murcia). Inicia sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia en 1985, continuándolos, en 1987, en la Facultad de Bellas Artes de Granada. Obtuvo la licenciatura en Técnicas de Grabado y Estampación por la de la Universidad de Valencia en 1992.

Ha celebrado exposiciones individuales en Murcia, Valencia, Barcelona, Bruselas,  Düsseldorf, Colonia, Nüremberg, Weimar y en varias ciudades de Estados Unidos. En el Guggenheim de Nueva York ha participado, junto a otros artistas, en la exposición El Arte de Curar, con el fin de recaudar fondos para la O.N.G. Médicos del Mundo. Otras exposiciones suyas han sido Mal de amores, en la Galería Marwan Hoss, en París, o Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en la Casa de América, en Madrid.

Para Pepe Yagües los minotauros son símbolos de aquello que la sociedad oculta; en ellos conviven magia, lógica, irracionalidad y un erotismo donde se confunden animalidad y humanidad. Son minotauros machos, hembras, saeta, quizá para escapar del dédalo e imitar a Ícaro; son figuras amables, tímidas, inocentes y a la vez burlonas. Alegoría y fantasía cobran vida gracias a la imaginación del autor.

Aguatinta «Memento»

Sus materiales preferidos son el hierro, madera y resina, pero también piezas viejas que encuentra por la calle y reconvierte.

Con esta escultura, el Museo quiere rendir homenaje a García Lorca, asesinado en agosto de 1936, “el poeta español más amado y traducido de todos los tiempos”, según comenta Ian Gibson.

Esta obra, poesía para los sentidos, fue donada por Manuela Brioa Cordón en 2013, tras la exposición dedicada en Olivenza a este artista murciano.

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Pieza del Mes julio 2020: tallos de laminaria o dilatadores uterinos

La dilatación, en un parto, consiste en la desaparición del cuello uterino y en su ensanchamiento progresivo hasta alcanzar un diámetro de, aproximadamente, diez centímetros.

También facilita el acceso a la cavidad endometrial cuando es necesario introducir instrumentos quirúrgicos para intervenciones intrauterinas como el aborto.

Antes de la generalización del uso de fármacos para conseguir la dilatación, si el cuello uterino no lo hacía por sí solo, se utilizaban, entre otros métodos, unas barras llamadas tallos de laminaria. Se presentaban, como podemos ver en las que muestra el Museo, de diferentes grosores, unos 6 cms de largo y un hilo en uno de sus extremo.  Aunque parecían de madera, estaban compuestos por algas marinas desecadas y comprimidas que, al estar en contacto con las secreciones uterinas, absorbían fluido y se expandían gradualmente produciendo la dilatación.

La colocación de los tallos de laminaria en el cérvix uterino se realizaba con pinzas de Forester, dejando los hilos asomar por el orificio cervical.

Se empleaban en el aborto para poder meter la legra y raspar el interior; y en el parto para iniciar la dilatación y continuar rompiendo la bolsa. Si bien no alcanzaban el total de dilatación hasta las 12-24 horas, es cuantificable un efecto clínico después de tres horas.

Hay que remontarse a la antigüedad para tener conocimiento de la práctica de dilatación en ginecología. En el Papiro de Ebers (1500 a.C.) ya se describían sustancias abortivas que de alguna manera producían dilatación. Las sondas greco-romanas se introducían en la vagina. En 1844, Simpson realizó trabajos de dilatación con esponja comprimida, y, en 1862, Mario Sims sustituyó este método por el tallo de laminaria, que se hizo popular rápidamente gracias a las grandes ventajas frente a la esponja, que producía muchas infecciones. El tallo, en cambio, por su forma compacta, era más fácil de esterilizar.

Este método de dilatación uterina fue reemplazado por otros más modernos, utilizándose en la actualidad alternativas farmacológicas más efectivas.

Estos tallos dilatadores, ubicados actualmente en la Consulta Médica, fueron donados por la familia Rodríguez Ramírez en 1993.