Archivo agosto 2016

El Museo participa en una jornada sobre el Alzhéimer

El 24 de septiembre tendrá lugar en el Convento de San Juan de Dios de Olivenza la Jornada Terapia no farmacológica en enfermedad de Alzhéimer y otras demencias, organizada por CASER Residencial  Olivenza con la colaboración del Ayuntamiento de la localidad, la Fundación Caja Badajoz y el Museo Etnográfico Extremeño González Santana.

La jornada, que será inaugurada por el Alcalde, Manuel J. González Andrade, la Directora Gerente del SEPAD Consolación Serrano García y Adolfo Portillo Campini, Director de CASER Residencial Olivenza, contará en su programa con dos conferencias: una sobre Alzhéimer y familia, impartida por el psicólogo Manuel Isidro Guerrero y otra titulada Reeducación psicomotriz y Alzhéimer: intervención en fisioterapia, por la fisioterapeuta María del Mar Brito Caldera.

Se han organizado, además, dos mesas redondas: una sobre estimulación sensorial, basal en demencias graves y otra sobre el proyecto Reminiscencia, a cargo de la terapeuta ocupacional Serafina Martín Cruz y el Director del Museo Miguel Ángel Vallecillo Teodoro.

Durante el desarrollo de esta última mesa se expondrán los beneficios que tanto para residentes como para familiares y profesionales ha reportado esta actividad, fruto del convenio firmado entre el Museo y CASER Residencial en 2013 y que consiste en la estimulación de los recuerdos vividos a través del contacto directo con piezas de las colecciones del Museo, organizadas por bloques temáticos y talleres impartidos altruistamente por artesanos-as de la comarca.

Con la puesta en marcha y el éxito de Reminiscencia a lo largo de sus tres años de funcionamiento, se ha reforzado la vocación social del Museo y su implicación con otras entidades y particulares del entorno.

Para más información descargar el Programa Jornada no farmacológica de enfermedad de Alzhéimer

Acetre conmemoró sus 40 años en la música con una exposición retrospectiva

Creado en 1976, ACETRE es uno de los grupos más veteranos y emblemáticos dentro del panorama folk de Extremadura.

Un momento de la inauguración

Un momento de la inauguración

Su lugar de origen, Olivenza, les otorga la característica “bicultural” de una manera tan espontánea y sencilla que sólo se podría explicar sabiéndose nacida desde lo esencial, desde la base del aprendizaje vital. Así, en sus interpretaciones aúnan perantones, pindongos, tonadas festivas o alboradas extremeñas, con los verdegaios, fados o corridiños portugueses. Una combinación bien aprovechada que da como resultado uno de los sonidos más exquisitos dentro de lo que hoy entendemos como tradición renovada.

Con esta exposición, que ha coincidido con la celebración de su 40º aniversario, se estrecha la vinculación de ACETRE con el Museo de Olivenza, cuyo Patio de Armas acogió sus primeros conciertos y la presentación de casi todos sus trabajos discográficos.

Instrumentos utilizados en las actuaciones de Acetre

Articulada en varias secciones (material audiovisual, gráfico y divulgativo, hemeroteca, discografía, instrumentación, premios y distinciones…),  la muestra quiso rendir un especial homenaje a todos-as los-as informantes, que a través de la transmisión oral han ayudado al grupo a contar y cantar la historia no escrita de Extremadura. En el acto inaugural estuvo presente Joaquina Roque Piris, de Cedillo (Cáceres), que proporcionó al grupo varios temas como Mãe Bruxa.

Ha sido ésta una oportunidad única para conocer la evolución de ACETRE desde sus orígenes hasta el momento actual, en el que su labor de investigación, innovación y difusión de la música tradicional ha sido merecidamente reconocida con la concesión de la Medalla de Extremadura.

La exposición permaneció abierta del 6 de septiembre al 9 de octubre de 2016,

Colaboramos con la editorial ANAYA en la documentación de un libro de texto

El pasado mes de enero, el Grupo Editorial Anaya solicitaba al Museo Etnográfico Extremeño González Santana una serie de imágenes  para ilustrar un cuadernillo específico dedicado a la Geografía e Historia de nuestra región y dirigido al alumnado de 4º de la E.S.O.

En la unidad 3, titulada Extremadura entre 1875 y 1931, página 9, aparece una imagen de nuestro Archivo Fotográfico que ilustra las mejoras llevadas a cabo en infraestructuras durante ese periodo.

La fotografía, datada entre 1918 y 1922, fue tomada en la finca Las Bufoas y corresponde al primer automóvil adquirido por un oliventino. Al volante, Francisco González Méndez.

Los hermanos Bermejo Pérez donan al Museo un torno de alfarero

El alfarero Diego Bermejo Pérez.

El alfarero Diego Bermejo Pérez.

Como parte de las actividades programadas en 2016 por el Proyecto Reminiscencia, que el Museo viene llevando a cabo en colaboración con CASER Residencial Olivenza, fue organizado un taller de modelado de arcilla impartido el pasado 5 de julio por el artesano Diego Bermejo Pérez.

Tras concluir el taller, Diego, junto a su hermano Juan, puestos al corriente de la falta de un torno de alfarero que completase nuestra colección de cerámica, tuvieron la gentileza de donar al Museo una de estas ya escasas herramientas.

El ejemplar donado funcionó durante los años 50 en la localidad de Salvatierra de los Barros. Se compone de un sencillo armazón de hierro, de forma cuadrada, en cuyo centro se ubica un plato de hierro que gira mediante un mecanismo a través de un eje unido a una rueda de madera, accionada con el pie y que transmite el movimiento.

Desde el Museo queremos agradecer a Diego y Juan Bermejo Pérez su sensibilidad y generosidad.

Pieza del Mes de agosto 2016: calculadora de bolsillo

Al principio de los tiempos, los humanos eran incapaces de enumerar las cosas. Como mucho eran capaces de conocer la unidad, el par y la multitud.

El hombre, al lograr la postura erguida y quedar las manos libres, ganó un valioso instrumento, que le ayudó a evolucionar. La mano no sólo le sirvió para fabricar objetos, sino como medio instrumental para representar números y realizar cálculos con los dedos.

Otro sistema prehistórico era el de los guijarros que consistía en asociar uno con lo que se quería contar. Al comprobar que para contar cantidades muy grandes, necesitaban muchísimos, usaron la base diez, o sea, sustituyendo diez guijarros pequeños por uno más grande, lo mismo para centenas con uno aún más grande e igualmente para los millares, etc.

Desde entonces hasta el cálculo electrónico la operación de contar se ha realizado con multitud de objetos e inventos, como el ábaco en sus diferentes modalidades, la primera máquina de calcular mecánica de Leonardo da Vinci (1493), la máquina de Schickard (1623), La Pascalina , de Blaise Pascal (1642), primera máquina de sumar mecánica, perfeccionada por la de Leibnitz en 1694, que podía sumar, restar, multiplicar y dividir, el aritmómetro de Thomas (1820), primera máquina de calcular comercializada a gran escala, etc.

Hasta 1961, año en que se construyó la primera máquina de calcular electrónica para oficinas, llamada Anita, se sucedieron un gran número de aparatos de cálculo.

Este mes el Museo muestra una calculadora de bolsillo también llamada contóstilo o aritmógrafo, Se trata de una máquina manual, marca Exacta, de fabricación alemana, que permite realizar sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. La caja metálica alberga siete regletas, también metálicas. El cálculo se realiza moviendo dichas regletas interiores con el punzón para seleccionar las cifras. Cada una de ellas representa, de derecha a izquierda, las unidades, decenas, centenas… Los números se seleccionan de uno en uno introduciendo el punzón en la muesca correspondiente. El resultado de la operación se visualiza en los ocho círculos perforados en la parte central. La puesta a cero se hace empujando con la mano las regletas que asoman por la parte inferior hasta ocultarlas en la máquina. Esta pieza comenzó a producirse en 1920 y siguió hasta 1970 aproximadamente. Es difícil conocer la fecha exacta de fabricación de cada una, ya que no llevan número de serie.

La pieza se acompaña de un punzón y una hoja de instrucciones, siendo donada al Museo por José Ramón Garrido Méndez en 1996.