
Para saber qué es una muñeca boudoir nos remontamos a las casas opulentas o castillos de la Francia del s. XVIII, en los que solía haber una habitación privada dentro del dormitorio o entre el comedor y el dormitorio llamada boudoir.
Esta era utilizada por las damas francesas como tocador y para “perderse” en sus cosas, como pintar, atender correo y recibir visitas en privado, a veces, amorosas.
Esta estancia podía albergar sobre una silla, cama o sofá una muñeca como la que exponemos este mes. Llamadas muñecas boudoir o muñecas cojín, surgen en 1910 de la mano del diseñador francés Paul Poiret que hizo desfilar a sus modelos con unas muñecas estilizadas, de largas piernas y vestidas como ellas, de ahí el rico vestuario que suelen lucir. Las popularizó como objetos de moda y decoración elegante, no como juguetes, acompañando, incluso, a sus diseños en los escaparates, entre la década de 1920 y 1940. También se solían llevar como complementos a eventos y bailes, como si fueran mascotas.
La muñeca boudoir, que se expone, viste traje de época de color rosa, con sobrefalda y aplicaciones de blonda en el delantero y en el cuello. Este se eleva por detrás de la cabeza gracias a un alambre. La falda es larga y amplia y se ahueca con dos enaguas, la interior, más corta, con aro para darle volumen.
Como ornamentación, el vestido cuenta con aplicaciones de otro tejido más grueso y de color marrón, en la falda, así como a lo largo de las mangas y en el borde de la sobrefalda.
Un broche y unas flores de tela adornan el delantero. Mide 89 cm y sus brazos y piernas son articuladas. Confeccionada con tejido de algodón de color carne, se rellena con paja. El pelo es de lana beis combinando liso y rizado. Los ojos, cejas y labios están pintados, así como las uñas de las manos. En el dedo anular de la mano derecha luce un anillo.
A diferencia de las muñecas de juguete, son obras únicas e irrepetibles, realizadas a mano con procesos no industriales. Se elaboraban con gran variedad de técnicas y materiales.
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