El Museo de Olivenza, fruto de la sensibilidad y voluntad de Francisco González Santana, quien le presta su nombre con todo derecho, constituye una notable excepción en el generalizado panorama de abandono, destrucción y expolio al que ha sido sometida la cultura tradicional. Surgió en 1980 a raíz de una pequeña exposición etnográfica celebrada con motivo de la IV Semana de Extremadura en la Escuela. El éxito y la participación conseguidos plantearon la necesidad de creación de un museo permanente.

En 1982 Olivenza fue elegida como sede de las J.I.E.C.H. (Jornadas Internacionales de Estudio de Ciudades Históricas). Por este motivo se abrió por primera vez al público, rehabilitándose parcialmente las dependencias de la antigua cárcel situada en el recinto del alcázar. Desde ese momento se celebraron en él numerosas exposiciones temporales y congresos.

En 1983 el Ayuntamiento de Olivenza crea un Patronato y elabora sus primeros estatutos, aprobados definitivamente por la Junta de Extremadura en 1985. Ese mismo año se encarga al arquitecto Manuel Fortea un proyecto de ampliación, previa compra del edificio de la Panadería del Rey.

Las obras, inciadas en 1988, se prolongan hasta 1990. Se procede posteriormente al montaje y el 12 de julio de 1991 es inaugurado por el Presidente de la Junta de Extremadura, D. Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

Desde el 9 de abril de 1997 el Museo es tutelado por un Consorcio integrado por la Consejería de Educación y Cultura del Gobierno de ExtremaduraAyuntamiento de Olivenza Fundación Caja Badajoz y Diputación de Badajoz.

A pesar de lo expuesto, el origen del Museo de Olivenza, estuvo sujeto a una conjunción afortunada de circunstancias favorables:

  • Donación de importantes colecciones privadas como la etnográfica “González Santana” que constituye por sí misma un 60 % de los fondos del museo, y la de arqueología “Margarita Navarrete”.
  • Conservación de un marco histórico-artístico adecuado, con edificios que tras ser desvinculados de su antiguo uso (cárcel, almacén de grano y cámara agraria), suponían una sede perfecta para el Museo.
  • Interés de las instituciones, tanto de la Corporación Municipal, propietaria de los edificios, como de la Comunidad Autónoma, promotora de las obras.
  • Existencia en Olivenza de una Escuela Taller para la rehabilitación del Patrimonio.
  • Concienciación y colaboración de los ciudadanos oliventinos, que a través del reparto de octavillas y la celebración de exposiciones informativas donaron desinteresadamente todo tipo de piezas.

Todas ellas permitieron llevar a cabo la feliz iniciativa de su fundación

Orla rejloj

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