En las vitrinas de esta bella sala, el visitante puede admirar casullas en tisú de oro del siglo XVII, así como trabajos de orfebrería que van del siglo XVII al XIX: cálices, copones, portaviáticos, vinajeras, custodias…, la inmensa mayoría en depósito de la Iglesia.

Entre las vitrinas, tallas policromadas del siglo XVIII, como San Diego de Alcalá, con hábito franciscano y cordón, quien aparece en actitud de mostrar unas rosas que porta en su mano derecha, en alusión al milagro que se le atribuye; San Antonio de Padua, también venerado como San Antonio de Lisboa, a quien se representa con hábito franciscano, con cordón y calzando sandalias; entre la cintura y su mano izquierda sostiene un libro sobre el que, probablemente estuviese la imagen del Niño Jesús, uno de sus atributos; San Jacobo de la Marca, también con hábito franciscano, se esculpe con la mano derecha alzada y en la izquierda debería portar un cáliz eucarístico, alusivo al intento de envenenamiento del que fue objeto mientras celebraba la liturgia; Santa Bárbara, a quien se talla con dos atributos esenciales en su vida: la palma del martirio, en su mano derecha, y una torre con tres ventanas, en la izquierda, como símbolo del refugio de la fe en la Santísima Trinidad; San Andrés, con túnica plegada sobre su mano derecha, en la que debía portar una cruz aspada, donde, según cuenta la leyenda, fue crucificado; en la otra mano sostiene un libro, seguramente la Biblia. Las cuatro primeras imágenes provienen, con toda seguridad, del convento de franciscanos que hubo en la localidad; la última, de la ermita de San Andrés, ubicada en la finca del mismo nombre, a unos dos kilómetros de Olivenza.

En la sala también se reconocen pequeñas réplicas en madera de la Virgen de la Esperanza, Santa Lucía, Virgen de la Soledad y una imagen de Jesús Nazareno. En hierro fundido se aprecian las imágenes del Sagrado Corazón, Santa María, San Juan y Cristo Crucificado.

En el campo de la orfebrería, descubrimos dos custodias de sol, otra ecléctica, pareja de vinajeras, portaviático, crismeras, acetre e hisopo, hostiario, cáliz, naveta de plata, incensario, portapaz y sacras.

En esta sala se admiran dos pinturas sobre tabla, pertenecientes al primitivo retablo mayor de la iglesia de Santa María Magdalena, obra de talla realizada por el maestro Vasco Guterres, mientras que los cuadros son de la autoría del pintor regio Gregorio Lopes, ejecutadas entre 1549-1550. Una de ellas, La Resurrección de Lázaro, representa el momento en que Jesús resucita a Lázaro y éste, arrodillado, reza ante Él; una multitud se congrega a su alrededor. Como fondo de la composición, un magnífico paisaje arquitectónico. La otra tabla parece representar El Tránsito o Ascensión de María Magdalena, obra muy retocada.

Otros elementos que se pueden reconocer en esta sala son cinco nacimientos, un altar portátil, oratorios, candelabros, reclinatorios, sello de bula y órgano portativo, este último obra del maestro organero italiano Pascal Caetanus Oldovini, en 1776, como se recoge en una inscripción de la consola.

Santo detalle oragano

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