La importancia que para una sociedad rural como la oliventina tuvo la imprenta evidencia una vez más su papel en la tímida difusión de las nuevas ideas que llegaron con el siglo XIX. Como vehículo de cultura, ayudó a promocionar el teatro, zarzuela y espectáculos de variedades, haciendo posible la edición de algunos periódicos como El Oliventino o El Guadiana que, a pesar de su efímera existencia, llenaron un vacío en el panorama de la ciudad. Las imprentas más activas de Olivenza fueron la de Marceliano OrtizLa Económica, de J. Rojo, y la de Martínez Rengifo.

El proceso de impresión comenzaba cuando el operario tomaba los tipos de los chibaletes con unas pinzas o con los dedos, colocándolos en las galeras o galerines para preparar la composición del texto elegido, asegurando ésta con unos cordeles.
Una vez lista, se introducía en la máquina de imprimir, donde un disco giratorio distribuía la tinta por un rodillo que, a su vez, impregnaba la plancha.
El papel sobrante se cortaba en grandes mazos con la guillotina del fondo.

En la sala pueden observarse también muebles accesorios, como un pupitre y algunos artículos como las botellas de disolvente para la tinta seca. En el mueble de la derecha, colección de clichés.

Otra labor corriente en estos establecimientos era la encuadernación, trabajo para el que se empleaban, entre otros instrumentos, prensas de tornillo y el llamado telar de encuadernar, donde se cosía el lomo de los libros.
En una vitrina se exhiben varios panfletos salidos de las imprentas oliventinas.

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