La forja cuenta con una tradición secular en Olivenza. En este taller se descubren dos puntos de trabajo básico: la fragua y el yunque. En la primera, alimentada con carbón, se calentaban las barras y perfiles de hierro hasta alcanzar el rojo vivo, en torno a los 700º. De ahí pasaban al yunque, donde se martilleaban hasta conseguir la forma deseada.
En la esquina izquierda, puede verse un fuelle, conectado a la fragua para avivar la combustión y aumentar la temperatura. A la derecha, en primer plano, taladro de voladera, accionado a mano para perforar el hierro.

El herrero utilizaba en su trabajo una amplia variedad de utensilios que, por la diversidad de sus funciones, se pueden clasificar en herramientas de percusión, sujeción, corte, estampación y medición. Así destacan: el martillo, para golpear; las tenazas, que varían según la pieza que sujetan; tajadera de mano, para cortar; plano de mano, para suavizar asperezas; canaleja, para perfilar; por último, compases y escuadras, como instrumentos de precisión.

Sobre la pared izquierda, grupo de piezas entre las que se encuentran cortafríos y punzones, butrolas y buriles. Junto a la fragua, a la derecha, conjunto de plantillas, utilizadas en la construcción de podones, hoces y guadañas.

En las fraguas locales, también se llevaba a cabo la tarea cotidiana de herrar caballerías, para lo que se disponía de un completo surtido de herraduras. Además de fabricarlas y acoplarlas al casco del animal, se eliminaba la herradura vieja con unas tenazas y se limpiaba el casco con el pujavante, clavando la nueva en la coraza de la pezuña.

Sobre la mesa de la derecha, puede observarse un instrumento de hojalatero llamado universal, empleado para hacer acanaladuras, redondear bordes y embutir alambres.

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