Pieza del mes

Pieza del Mes febrero 2015: máquina de liar tabaco (años 30)

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El tabaco es una planta originaria del continente americano. Según observó Cristóbal Colón, los indígenas del Caribe lo fumaban valiéndose de una caña en forma de pipa. Al parecer le atribuían propiedades medicinales y lo usaban en sus ceremonias.

Los conquistadores, a su regreso, junto a otros productos, como la patata o el maíz, trajeron también el tabaco y el hábito de su consumo. El nuevo producto se difundió rápidamente por Europa y Rusia, y en el s. XVII llegó a China, Japón y la costa occidental de África.

En un principio se empleaba para aliviar dolores, como la jaqueca. Este halo medicinal facilita su expansión al tiempo que surgen las primeras prohibiciones de su uso, sin embargo no fueron suficientes para frenar el paulatino auge del mercado.

A lo largo de la historia el consumo del tabaco fue variando según las modas, así se propagó inicialmente en polvo, aspirado por la nariz, otorgándole propiedades saludables.

Uno de los formatos más populares en su consumo es el cigarrillo. Este término se usó por primera vez en algún momento indeterminado del s. XVI cuando los mendigos sevillanos comenzaron a aprovechar los desechos de las hojas de tabaco que llegaban de América. Las trituraban y liaban en finas hojas de papel de arroz.

Hasta el siglo XIX no se generalizó el uso del cigarrillo como forma de consumo del tabaco y esto se debe, entre otras razones, a la creación, por James Bonsack, en 1880, de una máquina para hacer alrededor de 120.000 cigarrillos al día.

Poco antes de la década de los veinte los hermanos Victorero, indianos procedentes de México y naturales de Lastres (Asturias), se lanzan a la aventura de montar una moderna empresa llamada Agustín Victorero y Hnos, con el fin de fabricar una avanzada y original máquina de sobremesa y escritorio para liar tabaco. Bajo la marca Victoria, en honor a su madre, fue registrada por primera vez en España en 1915, y protegida por cinco patentes sucesivas con actualizaciones que se presentaron entre 1916 y mediados de los años treinta.

Una de dichas máquinas se exhibe este mes en el Museo. Se publicita como un ingenio higiénico, sólido, práctico, atractivo, y de manejo sencillo. Consiste en una estructura de metal niquelado dotada de una tolva para la picadura de tabaco en cuyo exterior figura la marca VICTORIA.

El distribuidor lleva una palanca lateral (rueda en los primeros modelos) para depositar la cantidad exacta para un cigarrillo. Cuenta también, aunque no se conserva, con un depósito de agua para humedecer el papel, un porta-papel, una cinta de cuero engomado y una corredera con un mecanismo que envuelve y sella los pitillos. Tienen la capacidad de graduar el grosor y la presión de la picadura dando como resultado pitillos de combustión progresiva y homogénea. Se apoya sobre una base de madera.

De sólida y esbelta construcción, manejo sencillo, rápido y eficiente, sin necesidad de tocar el tabaco, la pieza rápidamente empezó a ganar mercado en un país donde no se prodigaban los inventos y las creaciones autóctonas.

La que mostramos fue donada al Museo por el pacense Álvaro Luís Navarro Cantos en el año 2003.

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