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El Museo homenajea a la pintora oliventina María Luisa Carvallo Gadella con una exposición póstuma

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          María Luisa nace en Olivenza en 1891, en el seno de una familia acomodada; muere fusilada a los 45 años el 8 de septiembre de 1936 poco después del estallido de la Guerra Civil. Igual suerte corrió su hermano Antonio, trabajador del Ayuntamiento de la localidad. De los otros tres, Juana Rita, Modesta y Juan Ignacio, este último tuvo que exiliarse a la vecina Portugal también por motivos políticos.

          María Luisa cursó estudios con la maestra Doña Ramona Gil, quien debió apreciar sus magníficas dotes para la pintura y el bordado. Todo ello durante una etapa de florecimiento del arte extremeño a finales del siglo XIX y principios del XX.

          Todos sus cuadros carecen de título. De 1910 datan sus cuatro retratos a carboncillo. A ellos se suman dos de carácter religioso alusivos a Moisés en el Nilo y a la Pasión de Cristo. No obstante, los de mejor técnica son aquellos de temática costumbrista y los de flores. No sabemos en qué se inspiraba para darles vida, y qué otros maestros, además de Doña Ramona, pudo tener.

Una de las obras presentes en la exposición

          Para abordar su obra, es necesario contextualizarla en el momento histórico en el que le tocó vivir y tener en cuenta el papel secundario que desempeñaban las mujeres en  la sociedad de la época,  especialmente en el medio rural, su escasa participación en el mundo de la cultura y del arte y sobre todo, la carencia de referentes femeninos cercanos en el mundo de la pintura.

          El pertenecer a una familia con cierto nivel económico y social permite a Maria Luisa formarse, dedicarse, en parte, a la pintura y conservar su independencia en un momento en el que el único destino de la mujer, sin apenas acceso a la educación,  era asegurarse un buen matrimonio y gestionar la economía doméstica o profesar como religiosa.

          Es hora de echar la vista atrás y reconocer el mérito de todas y cada una de aquellas mujeres que, con su ejemplo y de manera silenciosa, abrieron camino, sirviendo de referente a generaciones posteriores. Una de ellas es María Luisa Carvallo Gadella de la que aún nos queda mucho por conocer.

          Con esta exposición póstuma, el Museo pretende rendir un pequeño y justo homenaje a su obra y figura, agradeciendo a la familia de María Luisa el préstamo para la exposición de sus pinturas, que han conservado celosamente hasta la fecha y a Juan Francisco Piquer y Esther Silva su inestimable colaboración para rescatarlas del olvido.

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