Pieza del mes

Una carlanca, Pieza del Mes julio 2011

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Según los expertos en la materia, buena parte de las razas de perros domésticos actuales proceden de una subespecie de lobo, concretamente del lobo índico, quizá el primer animal domesticado por el hombre hace más de 10.000 años.

Entre las muchas labores desarrolladas por las diferentes razas caninas a lo largo de la historia destaca la custodia del ganado, una tarea donde el perro, en defensa de los intereses humanos tiene que enfrentarse a su ancestro salvaje: el lobo.

El mastín, una raza autóctona de perro de gran alzada y corpulencia, ha sido tradicionalmente el encargado de ahuyentar a los ladrones y a los lobos de los rebaños domésticos. En el pasado, cuando el fenómeno de la trashumancia se encontraba en todo su apogeo, los mastines, en igual número que los pastores, acompañaban al ganado trashumante a través de las cañadas, los cordeles, las veredas y las coladas que comunicaban los pastos de verano, situados en las zonas más norteñas de la Península Ibérica, con los invernaderos o extremos (de donde procede la voz extremar, que significa dirigirse a Extremadura), situados en áreas más meridionales.

Ante la extraordinaria abundancia de lobos registrada en Extremadura a finales del s. XVIII, los ganaderos tuvieron que aumentar el número de pastores y de mastines dedicados a la indispensable custodia del ganado. Todas las precauciones eran pocas con tal de evitar las temidas lobadas, la peor pesadilla de los ganaderos, conocedores de antemano de que al número de reses muertas durante el ataque habría que sumarle las extraviadas, las heridas, que en muchos casos también morían, y las crías perdidas por causa de abortos. La magnitud de algunas lobadas y su repercusión económica ante la población rural motivaron que estos sucesos aparecieran publicados con regularidad en la prensa.

Con la intención de proteger la garganta del mastín de la mortal dentellada del lobo, los pastores les colocan unos collares provistos de pinchos que reciben el nombre de carlancas o carrancas. De estos collares existían diferentes modelos, tanto de cuero como de hierro, fabricados de forma artesanal por los guarnicioneros y los herreros de cada localidad. Las carlancas de cuero cuentan con varios pinchos de hierro y numerosas puntas, mientras que las carlancas de hierro pueden ser de forma circular, de eslabones engarzados, de placas semicirculares o de placas cuadradas. Las carlancas de hierro, mucho más pesadas que las confeccionadas a base de cuero, solo podían soportarlas los perros de mayor tamaño.

A medida que el lobo fue desapareciendo de la mayor parte de la Península Ibérica, la típica estampa del mastín descansando en las cercanías del rebaño de ovejas se fue haciendo cada vez más rara. La eliminación de la amenaza que suponía el lobo para la integridad del ganado doméstico permitió prescindir del mastín. Idéntica suerte corrieron las carlancas, que acabaron perdidas en los desvanes o fueron vendidas como simple chatarra, cuando algunas piezas muy antiguas, auténticas obras artesanales, eran dignas de reposar en las vitrinas de algún museo. La reciente expansión del lobo hacia el sur peninsular quizás obligue a los pastores a contar de nuevo con los servicios del fiel perro guardián que, como antaño, defenderá las reses del acoso del lobo.

La carlanca que mostramos es de hierro, formada por tres piezas rectangulares unidas por filas de pinchos erizados hacia el exterior.

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