Pieza del mes

Un juego de Bingo, Pieza del Mes enero 2010

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Existen diferentes versiones sobre el verdadero origen del Bingo. Se sabe que es un juego antiguo que ha entretenido a cientos de generaciones en todo el mundo.

Unos consideran que se originó en la época romana, otros que en la Italia del s. XVI, como una lotería llamada “Lo Gioco de Lotto. Se jugaba principalmente por el pueblo, en las ferias. El mecanismo y las reglas eran básicamente las mismas que las de hoy en día. Unos 200 años más tarde, el bingo se trasladó a Francia. Aquí ya no era el pueblo quien jugaba sino la aristocracia, la gente más cercana al poder. Al llegar a Alemania, adoptó un sentido educativo además del mero entretenimiento.

Cuando el juego llegó a España y a México, adoptó características propias a estas culturas. A los EEUU llegó en 1929. En este país se jugó por primera vez en Atlanta y, como había ocurrido en los demás países, comenzó a ser muy popular.

Sobre el nombre de este singular juego hay muchas leyendas. Una de ellas da cuenta de que la palabra bingo surgió a finales del s. XIX en Gales, donde un grupo de trabajadores de las minas, que prácticamente no tenían dinero ni para comer, apostaron en tarjetas muy precarias, marcando los números sorteados con habas (Bean, en inglés). Aquel que ganaba se llevaba todas las habas recolectadas en las tarjetas de todos los mineros. O sea, el victorioso podría llevar un saco lleno de habas para casa, y así nació la expresión “bean go” para sugerir que las habas iban hacia el vencedor.

Las herramientas del juego consistían en habas secas, unas piezas de gomas con números y algunas tarjetas. Un vendedor de juguetes de Nueva Cork llamado Edwin Lowe captó la fascinación de los jugadores al gritar “¡beano!” cuando completaban una línea de sus tarjetas. Lowe introdujo el juego para sus amigos en Nueva york donde uno de ellos por error dijo espontáneamente “¡bingo!” en su exaltación. El bingo de Lowes, el iniciador del juego “Lowes Bingo”, buscó los servicios de un profesor de matemáticas de la Universidad de Columbia, Carl Leffler, para ampliar la cantidad de combinaciones. En 1930, el profesor creó 6000 tarjetas de bingo con grupos de números no repetidos.

Sea cual sea el verdadero origen de su nombre, el Bingo, desde su aparición, ha llevado a familias enteras a los salones, inclusive a los lujosos casinos, como los de Monte Carlo y se transformó en una prometedora industria global de entretenimiento y ocio.

El bingo es un juego con reglas bastante simples. Un moderador “canta” los números que salen al azar y los jugadores los van marcando en los cartones que hayan comprado. Se tienen dos opciones, la primera es la posibilidad de formar “línea”, que se obtiene cuando alguno de los jugadores logra completar todos los números de una línea determinada. La otra opción es el “bingo”, que se gana cuando se completan todos los números del cartón.

El museo este mes expone un juego de bingo pero más rudimentario. Datado en 1917, consta de 23 cartones agrupados por colores y con 15 números cada uno. Las fichas, un total de 90, son de madera, con el número manuscrito por las dos caras. Estas se metían en una talega o saquito de donde se iban sacando para llevar a cabo el juego. En este caso puede considerarse un juego meramente infantil.

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