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Pieza del mes noviembre 2012: telar

 

Este telar fue exhibido en el Pabellón de Extremadura de Expo ’92 en Sevilla

         La tejeduría es el arte de convertir en tejido los hilos de toda clase de material textil, es decir toda tela producida por la combinación de la urdimbre y la trama. El telar es el instrumento más complejo de toda la actividad textil.

          En España tenemos dos tipos atendiendo a la disposición de la urdimbre: telar horizontal y telar vertical. El que muestra el Museo procede de la localidad cacereña de Torrejoncillo y puede datarse entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX. Es del tipo horizontal o también llamado de bajo lizo o poleas. Consiste en un armazón de cuatro montantes de madera unidos entre sí por largueros horizontales en la parte superior e inferior y otros transversales que forman un conjunto rígido dando volumen al telar. Entre los dos montantes posteriores se sitúa un cilindro sobre el que van enrollados los hilos de la urdimbre previamente preparada. Cada hilo de ésta pasa por una malla llamada lizo cuyo objeto es levantar o bajar los hilos para que la trama pase a través de ellos. Luego pasa por el peine formado por láminas de caña o metal que aprietan cada pasada de la trama. El tejido terminado se pliega en otro cilindro rotativo, situado entre los montantes delanteros, que sirve para enrollar la tela ya tejida.

          El telar se acciona mediante unos pedales de madera que separan los hilos de la urdimbre para que pase la lanzadera, con forma de barquilla, en cuyo interior se ubica la canilla con el hilo de la trama.

          De ordinario se fabricaban con maderas duras, principalmente roble, castaño o encina. Las piezas deterioradas se sustituían por otras nuevas, de modo que al cabo de cierto tiempo, el telar original se había renovado casi por completo, sin dejar de ser el mismo.

Elaboradas cuatro nuevas monografías sobre salas del Museo

Portada de la monografía de la Sala de Utillaje

          El Museo Etnográfico Extremeño “González Santana” tiene como uno de sus principales objetivos la difusión de los fondos de su colección estable a través de iniciativas tales como “La pieza del mes”, la presencia en programas de radio y televisión, tanto locales como autonómicos, la presencia en la red y, sobre todo, la edición de publicaciones por áreas temáticas.

          Este empeño ha fructificado recientemente en la edición de cuatro nuevas monografías, llevadas a cabo por Miguel Ángel Vallecillo Teodoro, Director del Museo  y Mª Teresa Plaza Núñez, responsable del Área de Catalogación.

          En esta ocasión, se hace un recorrido por cuatro de las salas más emblemáticas del Museo (las de Utillaje Agrícola, Música, Juguetería y Meteoritos de la colección Soto Pérez-Cortés, esta última inaugurada justo hace un año por el Presidente de la Junta de Extremadura.

          Se ha pretendido darle a cada una un formato sencillo, manejable y accesible a todo tipo de público, desde el escolar al especializado. Con estas cuatro son ya seis las monografías editadas por el Museo entre 2011 y 2012 que  pasan a enriquecer nuestra oferta de intercambios bibliográficos con otros museos e instituciones. Este importante esfuerzo editorial se complementa con la publicación de catálogos de exposiciones temporales y la elaboración de  unidades didácticas.

          La salida a la luz de estas nuevas monografías ha sido posible gracias una vez más a la Diputación de Badajoz, a quien deseamos expresar nuestro agradecimiento por su sensibilidad hacia la cultura en general y nuestro Museo en particular, haciéndolo extensivo al personal de la Imprenta Provincial por su profesionalidad y el magnífico trabajo realizado.

     

La exposición “Un soplo de luz” permanecerá abierta hasta el 9 de diciembre

Lucerna romana de la colección "Margarita Navarrete" presente en la exposición

El viernes 5 de octubre a las 19:30 h. se inauguró en el la Sala de Usos Múltiples del Museo Etnográfico Extremeño “González Santana” de Olivenza la exposición “Un soplo de luz”,  muestra de producción propia, aprovechando el valioso material de luminaria que existe en sus colecciones y almacén. Con ello pretendemos acercar al visitante a los distintos instrumentos y combustibles desde los albores de la humanidad hasta nuestros días.

Se propone así un pequeño viaje por el pasado, descubriendo las diferentes formas de iluminación hasta llegar a la actualidad y una invitación a reflexionar sobre su evolución en el futuro.

La exposición se articula en cinco secciones, atendiendo al material, introducidas por sus correspondientes paneles explicativos:

Capuchina

1 ORÍGENES

2 ACEITES Y GRASAS

3 CERA

4 CARBURO, QUEROSENO Y LINTERNA

5 ELECTRICIDAD

Como material complementario a la exposición se ha editado un cuadernillo dirigido al público adulto. Para colegios e institutos se ha elaborado, además,  una unidad didáctica que se podrá obtener en la sección “descargas”  de la web del museo http://elmuseodeolivenza.com y el catálogo en la dirección pinchando_aquí. Un soplo de luz permanecerá abierta al público hasta el 9 de diciembre

Pieza del mes de octubre 2012: Lámpara de carburo

Lámpara de carburo

Este modelo es algo diferente al común, con dos brazos. Daba mayor iluminación y solía utilizarse en los cortijos.

              Las lámparas de carburo, el candil y el quinqué, eran los tres objetos más utilizados a principios del siglo XX para iluminarse en las zonas rurales. Utilizaban diferentes materias primas para producir luz: carburo, aceite y  petróleo.

             La lámpara de carburo utilizaba el carburo de  calcio, sustancia sólida de color grisáceo que tiene una reacción  exotérmica con el agua, dando cal apagada y acetileno. Todas las lámparas de carburo poseen un recipiente para almacenar el agua en su parte superior, que mide y modifica  su goteo por medio de una llave reguladora o inyector. En la parte inferior, tienen un depósito para colocar el carburo, sobre el cual cae la gota  de agua y  donde se crea el gas acetileno. Desde este depósito, un conducto conecta con la boquilla quemadora, la cual se encuentra situada en el exterior de la lámpara. En su extremo se produce la flama brillante. Al principio, fue empleada en la minería, y difundiéndose también en otras actividades como la espeleología. La lámpara de carburo se convirtió en el artefacto ideal para la iluminación autónoma en grutas, ofreciendo una gran potencia luminosa a un muy bajo costo y convirtiéndose en la iluminación principal para espeleólogos.

              En Olivenza se utilizó para iluminar  casas y cortijos hasta bien entrado el siglo XX. Las personas mayores,  entre setenta y ochenta  años de edad, todavía recuerdan  lo mal que olía cuando se apagaba. A ellos les vienen a la memoria el candil, la lámpara de carburo y el quinqué como los objetos que daban luz en la casa cuando eran niños. Fueron los más populares en las zonas rurales. Al llegar la electricidad, la bombilla desplazaría estos artefactos, que pasaron a desvanes y trasteros de donde hoy los recuperamos para hablar de la evolución de la luz artificial en los hogares.

              En esta ocasión exponemos como pieza del mes un modelo de lámpara de carburo algo diferente al modelo común, con dos brazos. Daba mayor iluminación y solía utilizarse en los cortijos.

El Museo participó en el programa “Buenas tardes, Extremadura”

Miguel Ángel Vallecillo y Lola Trigueros

          El Museo de Olivenza fue invitado a participar el lunes 1 de octubre en “Buenas tardes, Extremadura”, el popular magacín de la televisión autonómica, en el que se ofrecen, de lunes a viernes, información, debate, entrevistas y entretenimiento durante más de una hora.

          Durante el programa, dedicado a la infancia y los juegos en Extremadura, Miguel Ángel Vallecillo, presentó en directo en el plató algunas de las piezas más singulares de la colección de juguetes del Museo.